viernes, 1 de julio de 2011

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4, 7-16)


Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor.

El amor que Dios nos tiene, se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito para que vivamos por él.

El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.

Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.

En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. Nosotros hemos visto y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su Hijo como salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él.

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. Dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.

Palabra de Dios.

"Nos duele en el alma cuando nos dicen “parece que no tienes corazón”. Entre otras cosas porque, en los gestos y en las palabras, es donde brillan los quilates de nuestra fe. El símbolo de nuestro cristianismo, además de la cruz, es el estandarte del amor. Dime cuánto bien haces y te diré cuán grande es tu fe; dime lo qué quieres hacer…y te haré ver el vacío de tus palabras.
Cristo, en su acercamiento hacia el hombre, no se quedó en el atalaya de las promesas; prometió y cumplió."

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