domingo, 8 de enero de 2012

Lectura del libro de Isaías 55, 1-11


Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche.¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia?
Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares.
Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David.
Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones.
Tú llamarás a una nación que no conocías,y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica.
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca!
Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y Él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.
Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-.
Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril,
sino que realiza todo lo que Yo quiero y cumple la misión que Yo le encomendé.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

El profeta -el "segundo Isaías", en el llamado "libro de la consolación "expresa la oferta gratuita que Dios hace a su pueblo del agua y del trigo, del vino y la leche. Pero, sobre todo, de la alianza siempre renovada. ¡Y todo gratis! Invita a ser fieles a esos dones de Dios por nuestra parte: a buscar al Señor, venir a él, escucharle, abandonar los malos caminos, hacer alianza con Dios. Incluye también la comparación entre la Palabra de Dios y la lluvia y la nieve que empapan y fecundan la tierra. En cada Eucaristía tendríamos que recordar la eficacia que Dios quiere que tenga su Palabra cuando es proclamada sobre nosotros: así quiere Dios que produzca frutos en nosotros su Palabra. y frutos con generosidad: no sólo el treinta o el sesenta, sino el ciento por uno, como dirá Jesús en su parábola del sembrador. Y esto, durante todo el año.

P. Juan R. Celeiro

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