sábado, 3 de diciembre de 2011

Lectura del libro de Isaías 30, 19-21. 23-26


Así habla el Señor:

Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, ya no tendrás que llorar: Él se apiadará de ti al oír tu clamor; apenas te escuche, te responderá.

Cuando el Señor les haya dado el pan de la angustia y el agua de la aflicción, aquel que te instruye no se ocultará más, sino que verás a tu maestro con tus propios ojos. Tus oídos escucharán detrás de ti una palabra: «Éste es el camino, síganlo, aunque se hayan desviado a la derecha o a la izquierda».

El Señor te dará lluvia para la semilla que siembres en el suelo, y el pan que produzca el terreno será rico y sustancioso.

Aquel día, tu ganado pacerá en extensas praderas. Los bueyes y los asnos que trabajen el suelo comerán forraje bien sazonado, aventado con el bieldo y la horquilla.

En todo monte elevado y en toda colina alta, habrá arroyos y corrientes de agua, el día de la gran masacre, cuando se derrumben las torres. Entonces, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces más intensa -como la luz de siete días- el día en que el Señor vende la herida de su pueblo y sane las llagas de los golpes que le infligió.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

Isaías evoca una felicidad paradisíaca, un futuro reino mesiánico del que todo mal habrá desaparecido: hambre, enfermedad, violencia, injusticia…. Retorno del hombre a su equilibrio moral que traerá consigo el retorno de la naturaleza a su armonía y a la fecundidad del “paraíso terrenal”. El Señor resucitado no solamente salva el alma, también la carne y la materia (Rom 8). La naturaleza entera espera su transformación. Por eso en el Adviento, el cristiano se siente interpelado a una conversión espiritual que transforme su corazón y a transformar la naturaleza con su trabajo. “Dominad la tierra y sometedla” para la mayor felicidad de todos los hombres.

P. Juan R. Celeiro

San Francisco Javier - Sacerdote y Misionero

Francisco de Jasu y Xavier (nacido en el castillo de Xavier, en España, en 1506), correspondiendo a las esperanzas de sus padres, se graduó en la famosa universidad de París. En estos años tuvo la fortuna de vivir codo a codo, compartiendo inclusive la habitación de la pensión, con Pedro Fabro, que será como él jesuita y luego beato, y con un extraño estudiante, ya bastante entrado en años para sentarse en los bancos de escuela, llamado Ignacio de Loyola.

Ignacio comprendió muy bien esa alma: “Un corazón tan grande y un alma tan noble” -le dijo- “no pueden contentarse con los efímeros honores terrenos. Tu ambición debe ser la gloria que brilla eternamente”. El día de la Asunción de 1534, en la cripta de la iglesia de Montmartre, Francisco Javier, Ignacio de Loyola y otros cinco compañeros se consagraron a Dios haciendo voto de absoluta pobreza, y resolvieron ir a Tierra Santa para comenzar desde allí su obra misionera, poniéndose a la total dependencia del Papa.

Ordenados sacerdotes en Venecia y abandonada la perspectiva de la Tierra Santa, emprendieron camino hacia Roma, en donde Francisco colaboró con Ignacio en la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús. Sin embargo, fue a los 35 años de edad cuando comenzó su gran aventura misionera. Por invitación del rey de Portugal, fue escogido como misionero y delegado pontificio para las colonias portuguesas en las Indias Orientales. Goa fue el centro de su intensísima actividad misionera, que se irradió por un área tan vasta que hoy sería excepcional aun con los actuales medios de comunicación social: en diez años recorrió India, Malasia, las Molucas y las islas en estado todavía salvaje. “Si no encuentro una barca, iré nadando” decía Francisco, y luego comentaba: “Si en esas islas hubiera minas de oro, los cristianos se precipitarían allá. Pero no hay sino almas para salvar”.

Después de cuatro años de actividad misionera en estas islas, separado del mundo civilizado, se embarcó en una rústica barca hacia el Japón, en donde, entre dificultades inmensas, formó el primer centro de cristianos. Su celo no conocía descansos: desde Japón ya miraba hacia China. Se embarcó nuevamente, llegó a Singapur y estuvo a 150 kilómetros de Cantón, el gran puerto chino. En la isla de Shangchuan, en espera de una embarcación que lo llevara a China, cayó gravemente enfermo. Murió a orillas del mar el 3 de diciembre de 1552, a los 46 años de edad.

Fue canonizado el 12 de marzo de 1622 junto con Ignacio de Loyola, Felipe Neri,Teresa de Jesús y el santo de Madrid, Isidro. ¡Buen grupo formado por cuarteto español y solista italiano!

Es patrono de las misiones en Oriente y comparte el patronato universal de las misiones católicas con Teresa de Lisieux.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Quiero estar en vela, Señor


Preparado para que, cuando Tú llames, yo te abra.

Despierto para que, cuando Tú te acerques, te deje entrar.

Alegre para que, cuando Tú te presentes, veas mi alegría.

Quiero estar en vela, Señor

Que, el tiempo en el que vivo, no me impida ver el futuro.

Que, mis sueños humanos, no eclipsen los divinos.

Que, las cosas efímeras, no se antepongan sobre las definitivas.


Quiero estar en vela, Señor

Y que, cuando nazcas, yo pueda velarte.

Para que, cuando vengas, salga a recibirte.

Y que, cuando llores, yo te pueda arrullar.


Quiero estar en vela, Señor

Para que, la violencia, de lugar a la paz.

Para que los enemigos se den la mano.

Para que la oscuridad sea vencida por la luz.

Para que el cielo se abra sobre la tierra.


Quiero estar en vela, Señor

Porque el mundo necesita ánimo y levantar su cabeza.

Porque el mundo, sin Ti, está cada vez más frío.

Porque el mundo, sin Ti, es un caos sin esperanza.

Porque el mundo, sin Ti, vive y camina desorientado.


Quiero estar en vela, Señor

Prepara mi vida personal: que sea la tierra donde crezcas.

Trabaja mi corazón: que sea la cuna donde nazcas.

Ilumina mis caminos: para que pueda ir por ellos y encontrarte.

Dame fuerza: para que pueda ofrecer al mundo lo que tú me das.


Quiero estar en vela, Señor

Entre otras cosas porque, tu Nacimiento,

será la mejor noticia de la Noche Santa

que se hará madrugada de amor inmenso en Belén.

¡Ven, Señor!


P. Javier Leoz

Lectura del libro de Isaías 29, 17-24


Así habla el Señor: ¿No falta poco, muy poco tiempo, para que el Líbano se vuelva un vergel y el vergel parezca un bosque?
Aquel día, los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán,
libres de tinieblas y oscuridad.
Los humildes de alegrarán más y más en el Señor y los más indigentes se regocijarán en el Santo de Israel.
Porque se acabarán los tiranos, desaparecerá el insolente, y serán extirpados los que acechan para hacer el mal, los que con una palabra hacen condenar a un hombre,
los que tienden trampas al que actúa en un juicio, y porque sí no más perjudican al justo. Por eso, así habla el Señor, el Dios de la casa de Jacob, el que rescató a Abraham: En adelante, Jacob no se avergonzará ni se pondrá pálido su rostro.
Porque, al ver lo que hago en medio de Él, proclamarán que mi Nombre es santo,
proclamarán santo al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel.

Los espíritus extraviados llegarán a entender los recalcitrantes aceptarán la enseñanza.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

"Si Dios está con nosotros, quién podrá levantarse victorioso sobre nosotros; el Señor es nuestro auxilio y defensa; el Señor está de parte nuestra; Él es el Dios-con-nosotros, y permanece con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Muchas veces nos han deslumbrado las cosas pasajeras; y a veces hemos querido cifrar nuestra felicidad en las posesión de los bienes terrenos; sin embargo el Señor nos promete participar de su propia vida; y nos pide que trabajemos por su Reino; si lo hacemos, todo lo demás vendrá a nosotros por añadidura.

Por eso hemos de abrir los ojos de nuestro espíritu para contemplar el gran amor que Dios nos ha manifestado por medio de su Hijo Jesucristo.

Y hemos de abrir los oídos de nuestro corazón para que descienda a él la Palabra que Dios pronuncia sobre nosotros, de tal forma que, como una buena semilla en un buen terreno, produzca abundantes frutos de salvación.

Entonces seremos constructores de paz, y viviremos como hermanos, pues aquellos que hacían el mal, o inducían a otros al pecado habrán desaparecido, pues todos habrán conocido a Dios y le alabarán tanto con sus palabras, como con sus obras, sus actitudes y su vida misma.

Entonces la Iglesia de Cristo será realmente un recinto de justicia, de alegría, de paz y de amor fraterno."

Homiliacatolica.com

Santa Bibiana

Santa Bibiana es de las últimas víctimas de la persecución anticristiana de Julián el Apóstata (361-363). En una Passio Sanctae Bibianae, no anterior al siglo VII, se lee que el gobernador Aproniano, después de haber hecho asesinar a Fausto y a Dafrosa, seguro de poderse adueñar de su patrimonio, trató de obligar a la apostasía a las jóvenes hijas de los mártires. Encerradas en la cárcel, Demetria murió antes de la terrible prueba. Bibiana, impávida y resuelta, enfrentó al gobernador, que, para debilitar su resistencia la confió inútilmente a una alcahueta. Entonces ordenó que Bibiana fuera atada a una columna y flagelada.

Llena de llagas por todo el cuerpo, finalmente la joven mártir entregó su alma a Dios. Echaron su cuerpo a los perros, pero unos cristianos lo rescataron y le dieron sepultura junto a la tumba de sus padres y de la hermana, cerca de su casa, en donde pronto construyeron una capilla y más tarde la actual basílica, sobre el monte Esquilino. De esto da cuenta el biógrafo del Papa Simplicio (468-83), atribuyendo a este pontífice la construcción de la basílica en honor de la bienaventurada mártir Bibiana "juxta Licinianum ubi corpus eius requiescit".

jueves, 1 de diciembre de 2011

Lectura del libro de Isaías 26, 1-6


Aquel día, se entonará este canto en el país de Judá: Tenemos una ciudad fuerte,
el Señor le ha puesto como salvaguardia muros y antemuros.
Abran las puertas, para que entre una nación justa, que se mantiene fiel.
Su carácter es firme, y Tú la conservas en paz,porque ella confía en ti.

Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna. Él doblegó a los que habitaban en la altura, en la ciudad inaccesible; la humilló hasta la tierra,
le hizo tocar el polvo. Ella es pisoteada por los pies del pobre, por las pisadas de los débiles.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

"Para los Israelitas la Palabra de Dios se ha hecho Ley que los guía; por eso tratan, no sólo de entenderla, sino de cumplirla hasta los más mínimos detalles, y le entonan cantos de alabanza.

Para algunos Israelitas más abiertos al Señor, su Palabra también ha tomado cuerpo en los profetas, a quienes escuchan como al mismo Dios y se dejan conducir por Él.

Llegada la plenitud de los tiempos la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, no sólo mostrándonos el camino que nos conduce al Padre, sino haciéndose Camino, Verdad y Vida para nosotros.

En nuestros días la Palabra se ha hecho Iglesia, no al margen de Jesús, pues lo tiene a Él por Cabeza. A la Iglesia corresponde la responsabilidad de continuar haciendo presente en la historia al Hijo Encarnado, Salvador de todo.

Dios así ha querido exaltar a los humildes y humillar hasta el suelo a los poderosos para que sirvan de camino que pisan los pies de los humildes y los pobres.

Ojalá y que, fortalecidos y guiados por el Espíritu de Dios, nos mantengamos fieles al Señor y seamos, en verdad, la manifestación del Reino de Dios en nuestro mundo, no humillados, sino exaltados a la diestra del Padre por nuestra fe en Cristo Jesús, aun cuando tengamos que pasar por la humillación de nuestra propia cruz, entregando nuestra vida por el bien de todos."

Homiliacatolica.com

San Eloy

San Eloy fue el más famoso orfebre de Francia en el siglo VII (orfebre es el que labra objetos de plata u oro).

Dios le concedió desde muy pequeño unas grandes cualidades para trabajar con mucho arte el oro y la plata. Nació en el año 588 en Limoges (Francia). Su padre, que era también un artista en trabajar metales, se dio cuenta de que el niño tenía capacidades excepcionales para el arte y lo puso a aprederlo bajo la dirección de Abon, que era el encargado de fabricar las monedas en Limoges.

Cuando ya aprendió bien el arte de la orfebrería se fue a París y se hizo amigo del tesorero del rey. Clotario II le encomendó a Eloy que le fabricara un trono adornado con oro y piedras preciosas. Pero con el material recibido el joven artista hizo dos hermosos tronos. El rey quedó admirado de la honradez, de la inteligencia, la habilidad y las otras cualidades de Eloy y lo nombró jefe de la casa de moneda (todavía se conservan monedas de ese tiempo que llevan su nombre).

Nuestro santo fabricó también los preciosos relicarios en los cuales se guardaron las reliquias de San Martín, San Dionisio, San Quintín, Santa Genoveva y San Germán. La habilidad del artista y su amistad con el monarca hicieron de él un personaje muy conocido en su siglo.

Eloy se propuso no dejarse llevar por las costumbres materialistas y mundanas de la corte. Y así, aunque vestía muy bien, como alto empleado, sin embargo era muy mortificado en el mirar, comer y hablar. Y era tan generoso con los necesitados que cuando alguien preguntaba: "¿Dónde vive Eloy?", le respondían: "siga por esta calle, y donde vea una casa rodeada por una muchedumbre de pobres, ahí vive Eloy".

Un día Clotario le pidió a nuestro santo que como todos los demás empleados jurara fidelidad al rey. Él se negaba porque había leído que Cristo recomendaba: "No juren por nada". Y además tenía miedo de que de pronto al monarca se le antojara mandarle cosas que fueran contra su conciencia. Al principio el rey se disgustó, pero luego se dio cuenta de que un hombre que tenía una conciencia tan delicada no necesitaba hacer juramentos para portarse bien.

Eloy se propuso ayudar a cuanto esclavo pudiera. Y con el dinero que conseguía pagaba para que les concedieran libertad. Varios de ellos permanecieron ayudándole a él durante toda su vida porque los trataba como un bondadoso padre.

Al santo le llamaba mucho la atención alejarse del gentío a dedicarse a rezar y meditar. Y entonces el nuevo rey Dagoberto le regaló un terreno en Limousin, donde fundó un monasterio de hombres. Luego el rey le regaló un terreno en París y allá fundó un monasterio para mujeres. Y a sus religiosos les enseñaba el arte de la orfebrería y varios de ellos llegaron a ser muy buenos artistas. Al cercar el terreno que el rey le había regalado en París, se apropió de unos metros más de los concedidos, y al darse cuenta fue donde el monarca a pedirle perdón por ello. El rey exclamó: "Otros me roban kilómetros de terreno y no se les da nada. En cambio este bueno hombre viene a pedirme perdón por unos pocos metros que se le fueron de más". Con esto adquirió tan grande aprecio por él que lo nombró embajador para tratar de obtener la paz ante un gobierno vecino que le quería hacer la guerra.

Por sus grandes virtudes fue elegido obispo de Rouen, y se dedicó con todas sus energías a obtener que las gentes de su región se convirtieran al cristianismo, porque en su mayoría eran paganas. Predicaba constantemente donde quiera que podía. Al principio aquellos bárbaros se burlaban de él, pero su bondad y su santidad los fueron ganando y se fueron convirtiendo. Cada año el día de Pascua bautizaba centenares de ellos. Se conservan 15 sermones suyos, y en ellos ataca fuertemente a la superstición, a la creencia en maleficios, sales, lectura de naipes o de las manos, y recomienda fuertemente dedicar bastante tiempo a la oración, asistir a la Santa Misa y comulgar; hacer cada día la señal de la cruz, rezar frecuentemente el Credo y el Padrenuestro y tener mucha devoción a los santos. Insistía muchísimo en la santificación de las fiestas, en asistir a misa cada domingo y en descansar siempre en el día del Señor. Prohibía trabajar más de dos horas los domingos.

Cuando ya llevaba 19 años gobernando a su diócesis, supo por revelación que se le acercaba la hora de su muerte y comunicó la noticia a su clero. Poco después le llegó una gran fiebre. Convocó a todo el personal que trabajaba en su casa de obispo y se despidió de ellos dándoles las gracias y prometiéndoles orar por cada uno. Todos lloraban fuertemente y esto lo conmovió a él también. Y el 1º. de diciembre del año 660 murió con la tranquilidad de quien ha dedicado su vida a hacer el bien y a amar a Dios.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 10, 9-18


Hermanos:

Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. Así lo afirma la Escritura: «El que cree en él no quedará confundido».

Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

Pero, ¿cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica? ¿Y quiénes predicarán, si no se les envía? Como dice la Escritura: «¡Qué hermosos son los pasos de los que anuncian buenas noticias!»

Pero no todos aceptan el Evangelio. Así lo dice Isaías: «Señor, ¿quién creyó en nuestra predicación?» La fe, por lo tanto, nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la palabra de Cristo.

Yo me pregunto: ¿Acaso no la han oído? Sí, por supuesto: «Por toda la tierra se extiende su voz, y sus palabras llegan hasta los confines del mundo».


Palabra de Dios.

Reflexionemos

Para que la sociedad pueda creer, hace falta que haya quien le anuncie el evangelio y que, por tanto, antes haya sido enviado. "Apóstol" significa eso mismo, "enviado". Andrés pertenece a ese grupo de los Doce, y precisamente de los primeros, que desde muy pronto empezó a señalar a Jesús como el Mesías: primero a su hermano Pedro y luego, de modo especial, a los pueblos de habla griega. Pablo establece un principio: por la fe se alcanza la salvación. Claro que esta fe, confesada con la boca y creída con el corazón, no puede ser infundida por Dios en el interior sin la palabra exterior de la predicación. ¿Cómo se conocerá a Cristo si nadie lo anuncia? ¿Y cómo alguien puede predicar sin ser enviado? Cristo envió a sus Apóstoles a predicar el Evangelio y por su testimonio hemos podido abrazar, con la ayuda del Espíritu, la fe.

P. Juan R. Celeiro

San Andrés Apóstol


Andrés era hermano de Simón Pedro y como él pescador en Cafarnaúm, a donde ambos habían llegado de su natal Betsaida. Como lo demuestran las profesiones que ejercían los doce apóstoles, Jesús dio la preferencia a los pescadores, aunque dentro del colegio apostólico están representados los agricultores con Santiago el Menor y su hermano Judas Tadeo, y los comerciantes con la presencia de Mateo. De los doce, el primero en ser sacado de las faenas de la pesca en el lago de Tiberíades para ser honrado con el titulo de “pescador de hombres” fue precisamente Andrés, junto con Juan.

Los dos primeros discípulos ya habían respondido al llamamiento del Bautista, cuya incisiva predicación los había sacado de su pacífica vida cotidiana para prepararse a la inminente venida del Mesías. Cuando el austero profeta se lo señaló, Andrés y Juan se acercaron a Jesús y con sencillez se limitaron a preguntarle: “Maestro, ¿dónde habitas?”, signo evidente de que en su corazón ya habían hecho su elección.

Andrés fue también el primero que reclutó nuevos discípulos para el Maestro: “Andrés encontró primero a su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías. Y lo llevó a Jesús”. Por esto Andrés ocupa un puesto eminente en la lista de los apóstoles: los evangelistas Mateo y Lucas lo colocan en el segundo lugar después de Pedro.
Además del llamamiento, el Evangelio habla del Apóstol Andrés otras tres veces: en la multiplicación de los panes, cuando presenta al muchacho con unos panes y unos peces; cuando se hace intermediario de los forasteros que han ido a Jerusalén y desean ser presentados a Jesús; y cuando con su pregunta hace que Jesús profetice la destrucción de Jerusalén.

Después de la Ascensión la Escritura no habla más de él. Los muchos escritos apócrifos que tratan de colmar este silencio son demasiado fabulosos para que se les pueda creer. La única noticia probable es que Andrés anunció la buena noticia en regiones bárbaras como la Scitia, en la Rusia meridional, como refiere el historiador Eusebio. Tampoco se tienen noticias seguras respecto de su martirio que, según una Pasión apócrifa, fue por crucifixión, en una cruz griega.

Igual incertidumbre hay respecto de sus reliquias, trasladadas de Patrasso, probable lugar del martirio, a Constantinopla y después a Amalfi. La cabeza, llevada a Roma, fue restituida a Grecia por Pablo VI. Consta con certeza, por otra parte, la fecha de su fiesta, el 30 de noviembre, festejada ya por San Gregorio Nacianceno.

martes, 29 de noviembre de 2011

Evangelio Infantil Domingo 2º Domingo de Adviento

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Decálogo para el Adviento 2011


10 PISTAS PARA REEVANGELIZAR



1.- Escucha con más atención la Palabra del Señor.

¿Cómo vamos hablar de aquello que no conocemos? “

El que escucha la palabra y la entiende, ése dará fruto” (Mt 13, 23)



2.- Coloca, en un lugar relevante de tu casa, la Biblia.

“Donde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt 6,19-23)



3.- Adorna el exterior de la puerta de tu casa con la Corona de Adviento.

¿Qué significa? Entre otras cosas que, tu familia, prepara la Navidad

con sentimientos cristianos. Velad, pues, porque no sabéis ni el día

ni la hora. (Mt 25, 1-13)



4.- Vive y celebra con interés la Eucaristía.

No te conformes con participar en la misa dominical. ¿No tomas todas las mañanas

un café? ¿No te sientas a la mesa al mediodía todos los días? ¿Acaso Dios, y tu vida

interior, no merecen un poco más? “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre,

allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20)



5.- ¿Cuánto hace que no buscas el silencio, la soledad, la contemplación

en el interior de una iglesia?

Procura, en este tiempo de adviento, tener esa experiencia: el encuentro personal,

sin más añadidos que el silencio, con Dios que viene a tu encuentro. Será una sensación

muy oxigenante para tu vida. “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11, 1)



6.- El Papa Benedicto XVI nos recuerda constantemente una exigencia actual:

la Nueva Evangelización.

¿Transmites las verdades cristianas en tu familia? ¿Bendices la mesa

antes de comer? ¿Te santiguas en el momento de salir a la calle, emprender un viaje

o pasar por delante de una iglesia? La Nueva Evangelización no son el hacer

cosas nuevas…sino el recuperar lo esencial: no dejarnos descafeinar

por el secularismo galopante. “Porque el que se avergüence de mí

y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga

en su gloria, y la del Padre, y la de los santos ángeles.”(Lc 9,26)



7.- No olvides, en este tiempo de Adviento, la presencia y la figura

de la Virgen María.

Nunca, una mujer tan sencilla, fue tan feliz por dentro y por fuera.

¿Rezas el ángelus? ¿Cuánto hace que no visitas un santuario mariano

o que no rezas el Ave María? “..desde ahora me dirán bienaventurada

todas las generaciones.”(Lc 1,48)



8.- El Adviento es una puerta abierta a la esperanza.

¿Cuáles son tus sueños? ¿En dónde están puestas tus metas?

¿Juega la fe un papel fundamental en tu vida? Testimonia tu fe allá

donde estés. No te dejes asediar por la timidez. No encierres dentro

de ti aquello que, en Navidad, es lo más grande: Cristo.

“Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días,

hasta el fin del mundo” (Mt 28,16-20).



9.- El Papa Benedicto XVI ha convocado, a partir del 12 de octubre

de 2012 “El Año de la Fe”.

¿Por qué no iniciamos ya desde ahora nuestro interés por el Evangelio?

Tal vez, un regalo para el alma, el espíritu y el bienestar físico y moral,

es el Evangelio del 2012. ¡Cómpralo y…obséquialo! "Lo que hiciereis

con uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis” (Mt 25,40)



10.- El Adviento es un despertador de nuestra conciencia cristiana.

Nos hace tomar posiciones.

No solamente somos oyentes. Que sea un tiempo privilegiado para,

con persuasión y convencidos de lo que somos y de la Navidad

que se acerca, mantengamos la tensión espiritual de nuestra vida.

Que no nos engulla el ambiente consumista. Que, lejos de deshacernos

como un azucarillo en el agua, nos mantengamos a flote anunciando

lo que está por venir: JESÚS.



P. Javier Leoz

Lectura del libro de Isaías 11, 1-10


Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces.
Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia,
espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor
-y lo inspirará el temor del Señor-. Él no juzgará según las apariencias ni decidirá por lo que oiga decir: juzgará con justicia a los débiles y decidirá con rectitud para los pobres del país; herirá al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia ceñirá su cintura y la fidelidad ceñirá sus caderas.
El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá; la vaca y la osa vivirán en compañía, sus crías se recostarán juntas,
y el león comerá paja lo mismo que el buey.
El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora
meterá la mano el niño apenas destetado.
No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar.

Aquel día, la raíz de Jesé se erigirá como estandarte para los pueblos: las naciones la buscarán y la gloria será su morada.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

La hermosa imagen del tronco y del renuevo le sirve a Isaias, el profeta de la esperanza, para anunciar que, a pesar de que el pueblo de Israel parece un tronco seco y sin futuro, Dios le va a infundir vida y de él va a brotar un retoño que traerá a todos la salvación. Jesé era el padre del rey David. Por tanto hace referencia a la familia y descendencia de David, que será la que va a alegrarse de este nuevo brote, empezando por las esperanzas puestas en el rey Ezequías. La «raíz de Jesé» se erguirá como enseña y bandera para todos los pueblos. Esta página fue siempre interpretada, como un anuncio de los planes salvadores de Dios para los tiempos mesiánicos. El cuadro no puede ser más optimista. El Espíritu de Dios reposará sobre el Mesías y 1e llenará de sus dones. Por eso será siempre justo su juicio, y trabajará en favor de la justicia, y doblegará a los violentos. En su tiempo reinará la paz. Las comparaciones, tomadas del mundo de los animales, son poéticas y expresivas. Los que parecen más irreconciliables, estarán en paz: el lobo y el cordero.

P. Juan R. Celeiro

Nuestra Señora Stella Maris

Estrella Del Mar (Stella Maris). En la oscuridad de la noche, los navegantes por siglos confiaban en las estrellas para orientarse hacia el puerto seguro. La Virgen es la estrella de la evangelización que nos lleva a Cristo, puerto seguro.

El libro de Reyes, 18, 45- 51, describe una pequeña nube que, elevándose sobre el mar, anunció a Elías mientras oraba en el monte Carmelo, la venida de la lluvia. Esta era una gran noticia pues anunciaba el fin de la grave sequía. La Virgen es como esa nube, signo del fin de la sequía. Jesús es la fuente que nos sacia la sed de Dios.

Los carmelitas, nacidos espiritualmente en el monte Carmelo le llamaron a la Virgen «Estrella del Mar». Muchos escritores muy antiguos también le llamaron así a la Virgen: S. Jerónimo (siglo IV), Isidoro de Sevilla (siglo VI), Alcuino de York y Rábano Mauro (siglo IX). Pascasio Radberto escribe en el siglo IX: «María es la Estrella del Mar a la que debemos seguir con nuestra fe y comportamiento mientras damos tumbos en el mar proceloso de la vida. Ella nos iluminará para creer en Cristo nacido de ella para salvación del mundo."

El Himno Ave Maris Stella (Salve estrella del mar) es del siglo VIII o IX.

San Bernardo le dedicó a la Virgen, Estrella del Mar, un poema:

Si se levantan los vientos de la tentación: si te arrastran hacia los acantilados de la desesperación... mira la estrella; invoca a María.

Si están a punto de ahogarte las olas de la soberbia, la ambición, la envidia, la rivalidad...mira a la Estrella; Invoca a María.

Estrella de la Mañana. Antes de salir el sol, hay una estrella que, por ser mas brillante que las otras, permanece aun durante el alba. Es la estrella de la mañana que anuncia el día. María nos anuncia la llegada del Señor, el Sol que viene. Este título se encuentra en las Letanías Laurentanas

lunes, 28 de noviembre de 2011

Coro Parroquia San Juan Bautista y Santo Cura de Ars en la Basílica de Flores en la Caravana de la Divina Misericordia

Monseñor Fernández
Alejandra, Miriam, Marcela y Patricia

Lectura del libro del profeta Isaías (2, 1-5)


Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén: En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas, y hacia él confluirán todas las naciones. Acudirán pueblos numerosos, que dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor”.

El será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.

¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor.

Palabra de Dios.

Reflexionemos

Isaías nos ofrece su mirada sobre el curso de la historia humana, para él no camina hacia una catástrofe sino hacia el don divino de la paz universal. La visión profética distingue en la historia humana un movimiento ascendente en correspondencia con el movimiento descendente de Dios, quien hace "salir" su Palabra para atraer hacia sí a los hombres.
El movimiento tiene un signo positivo: todos los pueblos tenderán a la unidad. La ruina sucedió en Babel, donde fueron confundidas las lenguas y la dispersión entró en la vida humana. El ve, en cambio, el prodigio de un movimiento opuesto: los hombres convergen hacia un centro, vuelven a unirse, se supera y olvida la lejanía de Dios, Jerusalén será ciudad de Dios para siempre. Para lograrlo, el Señor establece una "escuela" alternativa: la "escuela de su Palabra", que, con la fuerza de su promesa, suscita un mundo de paz y proyecta en dirección positiva las energías del hombre, inclinadas al mal y a la muerte.

P. Juan R. Celeiro

Santa Catalina Labouré

Esta fue la santa que tuvo el honor de que la Sma. Virgen se le apareciera para recomendarle que hiciera la Medalla Milagrosa.

Sus padres tuvieron diecisiete hijos de los que vivieron nueve. Catalina era la séptima. Nació en Fain-les-Moutiers (Francia), el 2 de Enero del 1806. Huérfana de madre desde los nueve años, pasó la niñez entre las aves y los animales de la granja porque tuvo que hacerse cargo de las faenas de la casa junto con su hermana pequeña Tonina. Dos amas de casa, en una familia numerosa, que tenían doce y nueve años.

Ella nota el tirón de la vocación a la vida religiosa. Pero -los santos casi siempre lo tuvieron difícil- tiene que vencer engorrosas y complicadas dificultades familiares para poder realizarla. Incluso tuvo que trabajar como criada y camarera en los negocios de dos hermanos mayores suyos durante algunas temporadas. Lo que pasa es que, cuando Dios llama y uno persevera, las dificultades se superan.

Ingresó en las Hijas de la Caridad que fundó San Vicente de Paul. El amor a Dios le lleva a cumplir fielmente las ocupaciones habituales. Se desenvuelve en la vida sencilla y escondida de una religiosa que tiene por vocación atender a los que están limitados: asilos, hospitales, manicomios, hospicios etc., en donde hay enfermos, sufrimiento, camas, cocina, ropas ... rezos y ¡mucho amor a Dios! Hubiera empleado su vida, como tantas religiosas santas, sin que su nombre hubiera pasado a las líneas de la historia, de no habérsele aparecido la Virgen Santísima en el mes de Julio del 1830 y luego varias veces más. Aún se puede ver, en la rue du Bac, de París, el sillón de respaldo y brazos muy bajos, tapizado de velludillo rojo en donde estuvo sentada Nuestra Señora en la primera aparición. Aparte de otras cosas personales, le pide la Virgen que se grabe una medalla con su imagen en la que aparezcan unos haces de gracia que se derraman desde sus manos para bien de los hombres. Luego, esa medalla ha de difundirse por el mundo. Es el comienzo de la Medalla Milagrosa.

Después pasó su vida desempeñando trabajos escondidos y sin brillo propios de cualquier religiosa. Nadie supo hasta la muerte de esta monjita bretona - no muy letrada- el hecho de las apariciones que ella quiso guardar con el pudor propio de quien conoce la grandeza, las finuras y la personal delicadeza del amor. Sólo tuvo conocimiento puntual el P. Aladel, su confesor.

Muere el 31 de Diciembre del 1876. La canonizó el papa Pío XII.

domingo, 27 de noviembre de 2011

¿Vigilar yo? ¿Para qué, Señor?


Me pregunto y te pregunto,

y sin dejar que me respondas,

sé muy bien, oh Señor, lo que ocurre a mi lado.

Estoy de vuelta de todo y, a veces,

pienso que soy un loco.

Tengo ganas de que el mundo se detenga:

que, tanto hombre desesperado,

encontrase en Ti la llave para ser feliz,

que, miles de promesas no cumplidas,

sirvieran para que, de una vez por todas,

entendiésemos que sin Ti…

nada… no es posible nada.



¡Nada sin Ti, Señor!

¿Y aún me resisto a vigilar mi vida cristiana?

¡Ayúdame, oh Jesús, a subir ligero

las escaleras que separan la tierra del torreón más alto.

Para que, cuando Tú llegues, me encuentres firme:

con los ojos clavados en el cielo,

con mi corazón encendido por la fe,

con mis pies pisando en la dirección adecuada,

con mis manos ayudando a sembrar esperanzas,

con mi rostro iluminado por tu divina gracia.



¿Vigilar yo? ¿Para qué, Señor?

Te confieso que, frecuentemente,

caigo en la somnolencia espiritual.

Que, dioses de cartón o de dulces deseos,

me atrapan y me invitan a desertar de mi vigilancia.

Me insisten que ya no eres necesario,

que, sin Ti, puedo llevar una vida feliz y cómoda.



Por ello mismo, Señor,

porque ni soy feliz ni estoy cómodamente situado.

Ayúdame a ser y estar vigilante… esperando.

A permanecer de erguido, inquieto y en vela,

aguardando ese fantástico día

en el que, la paz, ya no será un imposible,

en el que, el amor, ya no será sólo poesía escrita,

en el que, el hombre, ya no será un adversario.

Quiero ser, hoy más que nunca,

vigilante de tus promesas y de tu venida,

que me mantengan despierto y contento,

el resto de mis días…. hasta el momento de tu llegada.

¡Ven, Señor, Jesús! ¡Te estoy esperando!



P. Javier Leoz

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 3-9


Hermanos:

Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que Él les ha concedido en Cristo Jesús. En efecto, ustedes han sido colmados en Él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes. Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel, y Él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.



Palabra de Dios.

"Dios nos llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y Él es fiel! Qué bueno sería que San Pablo pudiera decir hoy de nosotros, de nuestra comunidad, lo que les dice a los Corintios en esta carta: “no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”. Para esto, nosotros que ahora aguardamos la manifestación del Señor, como individuos y como comunidad cristiana, debemos esforzarnos todos los días en participar de la vida de Cristo, amando entrañablemente a Dios y a los hermanos. Este tiempo de Adviento debe ser para nosotros un tiempo de purificación interior, con la esperanza cierta de que Dios quiere venir a nosotros y hacer de nosotros mensajeros de su venida y de su Reino. Con palabras de San Pablo, también yo hoy quiero deciros a todos: “La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros”.

Gabriel González del Estal

SALMO RESPONSORIAL 79, 2ac. 3b. 15-16. 18-19

R. Restáuranos, Señor del universo.



Escucha, Pastor de Israel,

Tú que tienes el trono sobre los querubines,

reafirma tu poder

y ven a salvarnos. R.



Vuélvete, Señor de los ejércitos,

observa desde el cielo y mira:

ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano,

el retoño que Tú hiciste vigoroso. R.



Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,

al hombre que Tú fortaleciste,

y nunca nos apartaremos de ti:

devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre. R.

Lectura del libro de Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2-7


¡Tú, Señor, eres nuestro padre, «nuestro Redentor» es tu Nombre desde siempre!
¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia!
¡Si rasgaras el cielo y descendieras, las montañas se disolverían delante de ti!
Cuando hiciste portentos inesperados, que nadie había escuchado jamás, ningún oído oyó, ningún ojo vio a otro Dios, fuera de ti, que hiciera tales cosas por los que esperan en Él.
Tú vas al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de tus caminos.
Tú estás irritado, y nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra ti.
Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento.

No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrarse a ti,
porque Tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas.
Pero Tú, Señor, eres nuestro padre; nosotros somos la arcilla, y Tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos!



Palabra de Dios.

Reflexionemos

El Dios de Isaías es el rey, el santo, el fuerte y sobre todo el Padre. Este es el titulo predominante de la presente oración. Acuérdate por tanto de tus hijos y no nos dejes vagar por los caminos del error. Hay que confiar en el Dios fuerte que es ante todo Padre. El perdón de Dios se extiende a todos los hombres y a todas las faltas. La pobreza del hombre rima perfectamente con la riqueza de Dios. El profeta pide una manifestación espectacular de Dios que atemorice a los enemigos y llene de alegría al pueblo. Navidad es la gran manifestación de Dios.

P. Juan R. Celeiro

La Virgen de la Medalla Milagrosa

El 27 de noviembre de 1830 la Virgen Santísima se apareció a Santa Catalina Labouré, humilde religiosa vicentina, y se le apareció de esta manera: La Virgen venía vestida de blanco. Junto a Ella había un globo luciente sobre el cual estaba la cruz. Nuestra Señora abrió sus manos y de sus dedos fulgentes salieron rayos luminosos que descendieron hacia la tierra. María Santísima dijo entonces a Sor Catalina:

"Este globo que has visto es el mundo entero donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre. Me siento tan contenta al poder ayudar a los hijos que me imploran protección. ¡Pero hay tantos que no me invocan jamás! Y muchos de estos rayos preciosos quedan perdidos, porque pocas veces me rezan".

Entonces alrededor de la cabeza de la Virgen se formó un círculo o una aureola con estas palabras: "Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti". Y una voz dijo a Catalina: "Hay que hacer una medalla semejante a esto que estas viendo. Todas las personas que la lleven, sentirán la protección de la Virgen", y apareció una M, sobre la M una cruz, y debajo los corazones de Jesús y María. Es lo que hoy está en la Medalla Milagrosa.

El Arzobispo de París permitió fabricar la medalla tal cual había aparecido en la visión, y al poco tiempo empezaron los milagros. (lo que consigue favores de Dios no es la medalla, que es un metal muerto, sino nuestra fe y la demostración de cariño que le hacemos a la Virgen Santa, llevando su sagrada imagen).

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