sábado, 21 de julio de 2012

Lectura de la profecía de Miqueas 2, 1-5


 

¡Ay de los que proyectan iniquidades
y traman el mal durante la noche!
Al despuntar el día, lo realizan,
porque tienen el poder en su mano.
Codician campos y los arrebatan,
casas, y se apoderan de ellas;
oprimen al dueño y a su casa,
al propietario y a su herencia.
 
Por eso, así habla el Señor:
Yo proyecto contra esta gente una desgracia tal
que ustedes no podrán apartar el cuello,
ni andar con la cabeza erguida,
porque será un tiempo de desgracia.
Aquel día, se proferirá contra ustedes una sátira
y se entonará esta lamentación:
«Hemos sido completamente devastados;
¡lo que le corresponde a mi pueblo
se lo entregan a otros!
 
¿Cómo me lo quitan a mí,
y distribuyen nuestros campos
entre los que nos llevan cautivos?»
Por eso, no tendrás a nadie
que arroje la cuerda para medirte un lote,
en la asamblea del Señor.
 
Palabra de Dios. 


Reflexionemos

 Miqueas, vivió en tiempos de Acaz y Ezequías, llamado por Dios para hacer oír su palabra en los difíciles tiempos anteriores a la ruina de Judá. Se enfrenta con los poderosos de su época y denuncia con valentía sus despropósitos: abusan del poder, traman iniquidades, codician los bienes ajenos, roban siempre que pueden, oprimen a los demás, son idólatras de sí mismos. Y les anuncia el castigo de Dios: les vendrán calamidades sin cuento y serán objeto de burla por parte de todos, cuando caigan en desgracia. Los peligros del poder y del dinero siguen siendo actuales. También en nuestro mundo nos enteramos continuamente de atropellos contra los débiles, de injusticias flagrantes, de abusos cínicos por parte de los poderosos. Basta leer las llamadas continuas de los Papas por una justicia social en el mundo. O las voces proféticas de tantos misioneros, eclesiásticos o laicos, cristianos o, simplemente, personas honradas, en muchas partes del mundo.


P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 9, 1-4b. 7-8b. 14


 

R.    ¡No te olvides de tus pobres, Señor!
¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te ocultas en los momentos de peligro?
El pobre se consume por la soberbia del malvado
y queda envuelto en las intrigas tramadas contra él. R.
 
Porque el malvado se jacta de su ambición,
el codicioso blasfema y menosprecia al Señor;
el impío exclama en el colmo de su arrogancia:
«No hay ningún Dios que me pida cuenta». R.
 
Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de violencias;
detrás de sus palabras hay malicia y opresión;
se pone al acecho en los poblados
y mata al inocente en lugares ocultos. R.
 
Pero Tú lo estás viendo:
Tú consideras los trabajos y el dolor,
para tomarlos en tus propias manos.
El débil se encomienda a ti;
Tú eres el protector del huérfano. R.

San Lorenzo de Brindis Predicador

Nació en Brindis (Italia) cerca de Nápoles. Desde pequeño demostró tener una memoria asombrosa. Dicen que a los ocho años repitió desde el púlpito de la Catedral un sermón escuchado a un famoso predicador, con gran admiración de la gente.
Cuando pidió ser admitido como religioso en los Padres Capuchinos, el superior le adevirtió que le iba a ser muy difícil soportar aquella vida tan dura y tan austera. El joven le preguntó: "Padre, ¿en mi celda habrá un crucifijo?". "Si, lo habrá", respondió el superior. "Pues eso me basta. Al mirar a Cristo Crucificado tendré fuerzas para sufrir por amor a El, cuaquier padecimiento".
La facilidad de Lorenzo para aprender idiomas y para grabarse en la memoria todo lo que leía, dejó atónitos a sus superiores y compañeros. Prácticamente se aprendía de memoria capítulos enteros de la S. Biblia y muchas páginas más de libros piadosos. Hablaba seis idiomas: griego, hebreo, latín, francés, alemán e italiano.
Y su capacidad para predicar era tan excepcional, que siendo simple seminarista, ya le fue encomendado el predicar los 40 días de Cuaresma en la Catedral de Venecia por dos años seguidos. Las gentes vibraban de emoción al oir sus sermones, y muchos se convertían.
Un sacerdote le preguntó: "Fray Lorenzo, ¿a qué se debe su facilidad para predicar? ¿A su formidable memoria?" Y él respondió: "En buena parte se debe a mi buena memoria. En otra buena parte a que dedico muchas horas a prepararme. Pero la causa principal es que encomiendo mucho a Dios mis predicaciones, y cuando empiezo a predicar se me olvida todo el plan que tenía y empiezo a hablar como si estuviera leyendo en un libro misterioso venido del cielo".
Los capuchinos nombraron a Fray Lorenzo superior del convento y luego superior de Italia. Más tarde al constatar las grandes cualidades que tenía para gobernar, lo nombraron superior general de toda su comunidad en el mundo. En sus años de superiorato recorrió muchos países visitando los conventos de sus religiosos para animarlos a ser mejores y a trabajar mucho por el reino de Cristo. Había días que caminaba a pie 50 kilómetros. No le asustaba desgastarse en su salud con tal de conseguir la salvación de las almas y la extensión del reino de Dios. La gente lo amaba porque era sumamente comprensivo y bondadoso, y porque sus consejos hacían un gran bien. Siendo superior, sin embargo servía a la mesa a los demás, y lavaba los platos de todos.
El Santo Padre, el Papa, lo envió a Checoslovaquia y a Alemania a tratar de extender la religión católica en esos países. Se fue con un buen grupo de capuchinos, y empezó a predicar. Pero en esos días un ejército de 60 mil turcos mahometanos invadió el país con el fin de destruir la religión, y el jefe de la nación pidió al Padre Lorenzo que se fuera con sus capuchinos a entusiasmar a los 18 mil católicos que salían a defender la patria y la religión. La batalla fue terriblemente feroz. Pero San Lorenzo y sus religiosos recorrían el campo de batalla con una cruz en alto cada uno, gritando a los católicos: "Ánimo, estamos defendiendo nuestra santa religión". Y la victoria fue completa. Los soldados victoriosos exclamaban: "La batalla fue ganada por el Padre Lorenzo".
El Papa Clemente VIII decía que el Padre Lorenzo valía él solo más que un ejército.
El Sumo Pontífice lo envió de delegado suyo a varios países, y siempre estuvo muy activo de nación en nación dirigiendo su comunidad y fundando conventos, predicando contra los protestantes y herejes, y trabajando por la paz y la conversión. Pero lo más importante en cada uno de sus días eran las prácticas de piedad. Durante la celebración de la Santa Misa, frecuentemente era arrebatado en éxtasis, y su orar era de todas las horas y en todos los sitios. Por eso es que obtuvo tan grandes frutos apostólicos.
Dormía sobre duras tablas. Se levantaba por la noche a rezar salmos. Ayunaba con frecuencia. Su alimento era casi siempre pan y verduras. Huía de recibir honores, y se esforzaba por mantenerse siempre alegre y de buen humor con todos. La gente lo admiraba como a un gran santo. Su meditación preferida era acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo.
En 1959 fue declarado "Doctor de la Iglesia", por el Sumo Pontífice Juan XXIII. Y es que dejó escritos 15 volúmenes de enseñanzas, y entre ellos 800 sermones muy sabios. En Sagrada Escritura era un verdadero especialista.
Cuando viajaba a visitar al rey de España enviado por la gente de Nápoles para pedirle que destituyera a un gobernador que estaba haciendo mucho mal, se sintió sin fuerzas y el 22 de julio de 1619, el día que cumplía sus 60 años, murió santamente. Ha sido llamado el "Doctor apostólico".
Ruega por nosotros, querido San Lorenzo, para que no tengamos miedo a gastarnos y desgastarnos por Cristo y su Santa Iglesia, como lo hiciste tú.
Dijo Jesús: "Si el grano de trigo muere, produce mucho fruto".

viernes, 20 de julio de 2012

Lectura del libro de Isaías 38, 1-6. 22. 7-8. 21


 

El rey Ezequías cayó gravemente enfermo. El profeta Isaías, hijo de Amós, fue a verlo y le dijo: «Así habla el Señor: Ordena los asuntos de tu casa, porque vas a morir. Ya no vivirás más».
Ezequías volvió su rostro hacia al pared y oró al Señor, diciendo: «¡Ah, Señor! Recuerda que yo he caminado delante de ti con fidelidad e integridad de corazón, y que hice lo que es bueno a tus ojos». Y Ezequías se deshizo en llanto.
Entonces la palabra del Señor llegó a Isaías en estos términos: «Ve a decir a Ezequías: Así habla el Señor, el Dios de tu padre David: He oído tu súplica, he visto tus lágrimas. Yo añadiré otros quince años a tu vida; te libraré, a ti y a esta ciudad, de manos del rey de Asiria, y defenderé a esta ciudad».
Ezequías respondió: «¿Cuál es la señal de que podré subir a la Casa del Señor?»
«Ésta es la señal que te da el Señor para confirmar la palabra que ha pronunciado: En el reloj de sol de Ajaz, Yo haré retroceder diez grados la sombra que ya ha descendido».
Y el sol retrocedió en el reloj los diez grados que había descendido. Luego dijo Isaías: «Traigan un emplasto de higos; aplíquenlo sobre la úlcera, y el rey sanará».
 
Palabra de Dios.

Reflexionemos

Nos hace bien leer como Exequias, condenado, según todas las apariencias, no se resigna sino que se aferra a la vida y suplica a Dios. También, ver como Dios cambia de parecer. Señor, concedenos confiar en la fuerza de la oración. Concedenos seguir confiando aun cuando no haya indicios de curación. “15 años mas”: no es mucho, ya que un día moriremos, pero nos sugiere la importancia que tenemos que dar  a esos años que nos quedan de vida. Lo temporal cuenta para Dios. Señor que sepa aprovechar bien cada uno de mis días.


P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL Is 38, 10-12abcd. 16




R.    ¡Tú has preservado mi vida, Señor!
Yo decía: En lo mejor de mis días
me tengo que ir:
he sido destinado a las puertas del Abismo
por el resto de mis años. R.
 
Yo decía: Ya no contemplaré al Señor
en la tierra de los vivientes;
no veré más a los hombres
entre los habitantes del mundo. R.
 
Arrancan mi morada y me la arrebatan,
como una carpa de pastores.
Como un tejedor, yo enrollaba mi vida,
pero Él me corta de la trama. R.
 
Los que el Señor protege vivirán,
y su espíritu animará todo lo que hay en ellos:
Tú me restablecerás
y me harás revivir. R.

San Apolinar, Obispo de Ravena, Mártir

San Apolinar fue el primer obispo de Ravena y él único mártir de dicha ciudad cuyo nombre se conoce. Según las actas de su martirio, Apolinar nació en Antioquía, donde fue discípulo de San Pedro, quien luego lo nombró obispo de Ravena. El santo además fue uno de los mártires más famosos en la Iglesia primitiva, y la gran veneración que se le profesaba es el mejor testimonio de su santidad y espíritu apostólico.

Debido a las muchas conversiones que logró en su ciudad natal, el santo fue desterrado por las autoridades; entonces San Apolinar fue a predicar a Bolonia, pero de nuevo tuvo que partir al exilio y durante la travesía, naufragó en las costas de Dalmacia, donde fue maltratado por predicar el Evangelio. Apolinar volvió tres veces a su sede, y otras tantas fue capturado, torturado y desterrado nuevamente. Vaspaciano publicó un decreto por el que condenaba al destierro a todos los cristianos; San Apolinar consiguió esconderse algún tiempo, pero fue descubierto por el pueblo quien lo golpeó hasta dejarlo muerto. San Pedro Crisólogo, el más ilustre de los sucesores del santo, lo calificó de mártir, y añadió que Dios preservó la vida de Apolinar durante largo tiempo para bien de su iglesia, y no permitió que los perseguidores le quitasen la vida.

jueves, 19 de julio de 2012

Lectura del libro de Isaías 26, 7-9. 12. 16-19


 

La senda del justo es recta,
Tú allanas el sendero del justo.
Sí, en la senda trazada por tus juicios,
esperamos en ti, Señor:
tu Nombre y tu recuerdo
son el deseo de nuestra alma.
Mi alma te desea por la noche,
y mi espíritu te busca de madrugada,
porque cuando tus juicios se ejercen sobre la tierra,
los habitantes del mundo aprenden la justicia.
 
Señor, Tú nos aseguras la paz,
porque eres Tú el que realiza por nosotros
todo lo que nosotros hacemos.
En medio de la angustia, Señor, acudimos a ti,
clamamos en la opresión,
cuando nos golpeaba tu castigo.
Como la mujer embarazada, que está por dar a luz,
se retuerce y da gritos de dolor,
así éramos nosotros delante de ti, Señor.
Hemos concebido, nos hemos retorcido,
y no dimos a luz más que viento.
¡No hemos traído la salvación a la tierra,
no le nacieron habitantes al mundo!
Pero tus muertos revivirán,
se levantarán sus cadáveres.
¡Despierten y griten de alegría
los que yacen en el polvo!
Porque tu rocío es un rocío de luz,
y la tierra dará vida a las Sombras.
 
Palabra de Dios. 


Reflexionemos

 Este pasaje tiene un  género literario muy parecido a un salmo. Se afirma que Dios es el que facilita el camino, nos ayuda a superar nuestras dificultades. Isaías se nos revela como “el hombre de Dios”, inmerso en la oración. Es la oración de un hombre “en el desamparo” que ora en nombre de un pueblo que sufre colectivamente: las derrotas eran interpretadas como un “castigo” de los pecados cometidos. Se manifiesta como los esfuerzos humanos son inútiles para alcanzar la salvación. Sin el auxilio de la gracia de Dios, nuestras vidas son nada, vacío. Y sobre el final, la palabra de esperanza, incluso, cuando mas hundidos estamos en el fracaso. El sufrimiento resulta fecundo.


P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 101, 13-14b. 15-21




R.    El Señor miró a la tierra desde el cielo.
Tú, Señor, reinas para siempre,
y tu Nombre permanece eternamente.
Tú te levantarás, te compadecerás de Sión,
porque ya es hora de tenerle piedad,
tus servidores sienten amor por esas piedras
y se compadecen de esas ruinas. R.
 
Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria. R.
 
Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
porque Él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R.

Santas Justa y Rufina

Eran hermanas carnales, nacidas en Sevilla, Justa en 268 y Rufina en 270, de familia muy modesta con firmes convicciones cristianas. En la época que vivieron dominaban los romanos gran parte del mundo por ellos conocido. En estos tiempos paganos, las hermanas dedicaban su tiempo a ayudar al prójimo y al conocimiento del Evangelio.

Era costumbre celebrar una vez al año una fiesta pagana en honor a Venus y en la que se rememoraba el fallecimiento del admirado Adonis. Según la tradición cristiana, se recorrían las calles de la ciudad con la figura cargada en hombros molestando gravemente al público y exigiendo inmensas limosnas para la fiesta. En cierta ocasión, los paganos llegaron a casa de Justa y Rufina exigiendo el dinero correspondiente, pero las hermanas se negaron a pagarlo por ser el fin de éste contrario a su fe, y no sólo esto sino que decidieron hacer añicos la figura de la diosa entre ambas, provocando de esta manera el enfado general de las devotas que se lanzaron hacia ellas.

El prefecto de Sevilla, Diogeniano, mandó encarcelarlas, animándolas a abandonar sus creencias cristianas si no querían ser víctimas del martirio, las santas se negaron a pesar de las amenazas. Sufrieron el tormento del potro para a continuación ser torturadas con garfios de hierro. Diogeniano esperaba que el trato que se le daba sería suficiente para que renunciaran a su fe, ellas aguantaron todo. Viendo que no surtió efecto el castigo las encerró en una tenebrosa cárcel donde sufrirían las penalidades del hambre y la sed.

Estoicamente sobrevivieron a su condena, por lo que fueron castigadas de nuevo, esta vez debían caminar descalzas hasta llegar a Sierra Morena. Tuvieron la suficiente fuerza para conseguir el objetivo. Viendo que nada las vencía mandó encarcelarlas hasta morir, la primera en fallecer fue Santa Justa, su cuerpo lo tiraron a un pozo, recuperado poco tiempo después por el obispo Sabino.

Una vez que hubo acabado con la vida de Justa, Diogeniano creyó que Rufina sucumbiría a sus deseos con más facilidad, pero no lo consiguió, y decidió acabar con su vida de la forma más lúgubre en aquellos tiempos, la llevó al anfiteatro y la dejó a expensas de un león para que la destrozase. La bestia se acercó y lo más que hizo fue mover la cola y lamer sus vestiduras como haría un animal de compañía. El Prefecto no aguantó más, la mandó degollar y quemar su cuerpo. Nuevamente tras este hecho el obispo Sabino recogió los restos y la enterró junto a su hermana en el año 287.

Por tan cristiana acción, fueron canonizadas. Se les nombró Patronas de Sevilla, y de los gremios de alfareros y cacharreros. También son veneradas como patronas de otras localidades, por ejemplo Orihuela, donde la leyenda cuenta que las santas se aparecieron en forma de dos luceros sobre la sierra de Orihuela tras la valerosa conquista cristiana sobre los musulmanes y su falsa fe impuesta.Tambien es patrona de Payo de Ojeda en Palencia y de la ciudad conquense de Huete.

Las santas Justa y Rufina son especialmente veneradas en Sevilla. La tradición las señala como protectoras de la Giralda y la Catedral, considerando que por su intercesión no cayeron tras el terremoto de Lisboa de 1755

miércoles, 18 de julio de 2012

Lectura del libro de Isaías 10, 5-7. 13-16


 

Así habla el Señor:
«¡Ay de Asiria! Él es el bastón de mi ira
y la vara de mi furor está en su mano.
Yo lo envío contra una nación impía,
lo mando contra un pueblo que provocó mi furor,
para saquear los despojos y arrebatar el botín,
y pisotearlo como al barro de las calles.
Pero él no lo entiende así,
no es eso lo que se propone:
él no piensa más que en destruir
y en barrer una nación tras otra».
 
Porque el rey de Asiria ha dicho:
«Yo he obrado con la fuerza de mi mano,
y con mi sabiduría, porque soy inteligente.
He desplazado las fronteras de los pueblos
y he saqueado sus reservas:
como un héroe, he derribado
a los que se sientan en tronos.
Mi mano tomó como un nido
las riquezas de los pueblos;
como se juntan huevos abandonados,
así he depredado toda la tierra,
y no hubo nadie que batiera las alas
o abriera el pico para piar».
¿Se gloría el hacha contra el leñador?
¿Se envanece la sierra contra el que la maneja?
¡Como si el bastón manejara al que lo empuña
y el palo levantara al que no es un leño!
Por eso el Señor de los ejércitos
hará que la enfermedad consuma su vigor
y dentro de su carne hará arder una fiebre,
como el ardor del fuego.
 
Palabra de Dios. 


Reflexionemos

Senaquerib, rey de Asiría invade, probablemente en el 701, a Israel que no puede pagarle el canon de la alianza realizada en tiempo de Ajaz. El rey se vanagloria. Cuanto orgullo, que desprecio por los humildes que no pueden defenderse. Pero Dios a través de su profeta hará otra lectura. Senaqueib no es mas que un “instrumento” en las manos de Dios para castigar a los pueblos faltos de fe. Que no se imaginen los poderosos que son amos absolutos y que pueden aplastar a sus semejantes. Por adelantado resuenan en nuestros oídos el Magnificat de Maria y las bienaventuranzas de Jesús.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 93, 5-10. 14-15




R.    El Señor no abandona a su pueblo.
Los malvados pisotean a tu pueblo, Señor,
y oprimen a tu herencia;
matan a la viuda y al extranjero,
asesinan a los huérfanos. R.
 
Y exclaman: «El Señor no lo ve,
no se da cuenta el Dios de Jacob».
¡Entiendan, los más necios del pueblo!,
y ustedes, insensatos, ¿cuándo recapacitarán? R.
 
El que hizo el oído, ¿no va a escuchar?
El que formó los ojos, ¿será incapaz de ver?
¿Dejará de castigar el que educa a las naciones
y da a los hombres el conocimiento? R. 

Porque el Señor no abandona a su pueblo
ni deja desamparada a su herencia:
la justicia volverá a los tribunales
y los rectos de corazón la seguirán. R.

San Federico

San Federico, nacido hacia el año 790, en el seno de una noble familia de Frisia, fue elegido obispo de Utrecht (Holanda) en 820. Dedicó toda su actividad a la reforma de las costumbres de sus diocesanos, y combatió las herejías.
Ante una misión tan sublime y a la vez tan cargada de responsabilidad, como la de ser obispo, Federico, varón justo y lleno de humildad, se declaraba incapaz de aceptar el cargo, para el que había sido elegido por el clero y el pueblo de aquella diócesis. Fue necesaria toda la autoridad del emperador Ludovico Pío, para que aquel sacerdote, conocido de todos por su ardor pastoral y su predicación, aceptase la Cátedra episcopal que había quedado vacante a la muerte del obispo Rifredo.
San Federico
Y es que nadie mejor que Él podía encargarse de la diócesis: por una parte, sus virtudes y su ciencia le daban la autoridad necesaria para ocupar la Silla episcopal, y por otra, el haber vivido en íntima comunicación con Rifredo le hacían el más conocedor de la situación.
Consagrado ya obispo, en presencia del mismo emperador, Federico se entrega generosamente a su misión, que cumplirá fielmente hasta las últimas consecuencias. Los primeros tiempos de su episcopado los dedica a la villa de Utrecht, esforzándose en devolver la paz a su pueblo, y en hacer desaparecer los últimos restos de paganismo. Siempre acogedor, es generoso para con los pobres, hospitalario para los viajeros, y sacrificado en sus visitas a los enfermos. Entregado a la vida de oración y sacrificio, no ahorra vigilias ni ayunos, en favor de sus diocesanos.
En todas partes trabaja incansablemente en la reforma de las costumbres de sus diocesanos, y de una manera especial lo hace en la isla de Walcheren, donde reinaba la más burda inmoralidad. Se dedica también a combatir la herejía arriana, bastante extendida en Frisia, y poco a poco va reduciendo los herejes a la verdadera fe católica. Para asegurar la duración de este retorno a la verdad, San Federico compone una profesión de fe, que resume la enseñanza católica sobre la Santísima Trinidad, y ordena que se recite tres veces cada día una oración en honor de las tres divinas Personas.
Otro tema muy importante en su vida es el que está en contra del divorcio y de los matrimonios incestuosos, y denuncia al emperador Ludovico Pío por querer casarse con otra mujer, estando su primera esposa con vida. Por esta causa se cuenta que éste mando asesinar a Federico para quitárselo de en medio.
Sus restos se hallan en la cripta de la catedral de Utrecht.


martes, 17 de julio de 2012

Lectura del libro de Isaías 7, 1-9


 

En tiempos de Ajaz, hijo de Jotám, hijo de Ozías, rey de Judá, Resín, rey de Arám, y Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para atacarla, pero no la pudieron expugnar. Cuando se informó a la casa de David: «Arám está acampado en Efraím», se estremeció su corazón y el corazón de su pueblo, como se estremecen por el viento los árboles del bosque.
El Señor dijo a Isaías: «Ve al encuentro de Ajaz, tú y tu hijo Sear Iasub, al extremo del canal del estanque superior, sobre la senda del campo del Tintorero. Tú le dirás: Mantente alerta y no pierdas la calma; no temas, y que tu corazón no se intimide ante esos dos cabos de tizones humeantes, ante el furor de Resín de Arám y del hijo de Remalías. Porque Arám, Efraím y el hijo de Remalías se han confabulado contra ti, diciendo: "Subamos contra Judá, hagamos cundir el pánico, sometámosla y pongamos allí como rey al hijo de Tabel".
Pero así habla el Señor:
Eso no se realizará,
eso no sucederá.
Porque la cabeza de Arám es,Damasco,
y la cabeza de Damasco, Resín;
la cabeza de Efraím es Samaría,
y la cabeza de Samaría, el hijo de Remalías.
-Dentro de sesenta y cinco años,
Efraím será destrozado, y no será más un pueblo-.
Si ustedes no creen, no subsistirán».
 
Palabra de Dios. 


Reflexionemos


Nos irían mucho mejor las cosas, tanto en la Iglesia como en la sociedad, y en cada familia y comunidad, si fuéramos más fieles a Dios y a sus caminos. No es que cada desgracia sea castigo del pecado, o cada éxito, premio a la virtud. Pero nosotros mismos nos vamos construyendo un futuro bueno o malo según qué camino seguimos. Pero Dios nunca cierra del todo la puerta de la esperanza. Los que la cerramos, a veces, somos nosotros, con nuestras desviaciones y olvidos. ¡Dejémonos reconciliar con Dios y reemprendamos el camino de la Vida!

P. Juan R. Celeiro

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