viernes, 25 de diciembre de 2015

Has bajado, Señor



 
Has cumplido lo prometido desde antiguo.
Redoblan las campanas por tu nacimiento.
Se emocionan los creyentes ante tu pesebre.
Canta el músico lo mejor de sus villancicos.
Endulza la mesa la madre.
Se dan la mano los adversarios.
Cesan los cañones de guerra
y estalla un grito unánime:
 
¡Feliz  Navidad! ¡Has bajado, Señor!
Y, teniéndote tan cerca, sentimos que no llegamos
abrazarte lo suficientemente.
Que te escapas, porque eres Misterio.
Que te besamos, porque eres humano.
Que estás en el cielo, porque eres Dios
y que te vemos en la tierra, porque eres Hombre.
 
¡Has bajado, Señor!
Lo pregonan y lo celebran tus sacerdotes.
Lo agasajan todos aquellos que, como los pastores,
dejan los rebaños de sus obligaciones,
poniéndose en camino hacia Ti por diversos senderos.
Nos lo ilumina la estrella, fugaz y temblorosa,
indicando a un mundo, frío y apático,
el camino que conduce hacia la GLORIA celeste.
 
¡Has bajado, Señor!
Débilmente, cuando nosotros te esperábamos fuerte.
Llorando, ante un mundo que gime desconsolado.
Desnudo, frente a tanta riqueza.
En un rincón, acostumbrados a tanto rascacielos.
 
¡Has bajado, Señor!
Y lo haces por amor a tu pueblo,
por salvarnos y llevarnos a tu regazo.
Por abrirnos horizontes y no dejarnos perdidos.
Para poner tú tienda, en medio de nuestro desierto.
¡Has bajado, Señor! ¡Feliz Navidad, Señor!
 
P. Javier Leoz

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