viernes, 25 de diciembre de 2015

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a Tito 2, 11-14


 
La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. Él se entregó por nosotros, a fin de libramos de toda iniquidad, purificamos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.
 
Palabra de Dios. 


La verdadera Navidad es la de Belén. En ese niño, como escribe Pablo en su epístola a Tito, "ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, llevando ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y salvador nuestro: Jesucristo". La Navidad en cuyo corazón y en cuya celebración más emotiva nos hallamos es el tiempo de Dios, el tiempo de la Religión, el tiempo de la Esperanza. De esa esperanza que es la salvación. Y no hay otra Navidad…..Por más que nos empeñemos en banalizarla, edulcorarla, maquillarla, disfrazarla y desnaturalizarla, viviendo y practicando tantas veces una Navidad sin Dios. Y no hay otra Navidad que la Navidad de Belén, la Navidad que el evangelista Lucas y el resto de los textos bíblicos de hoy y de estos días nos relatan. La verdadera Navidad es la Navidad de la Esperanza. En estos tiempos de crisis económica y moral debemos recuperar la Esperanza. Hoy Dios se hace Niño y se manifiesta en la pequeñez y en pobreza para indicarnos el verdadero camino de la vida, la gran sabiduría de la existencia y la gran y única esperanza que nos salva. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Buscar este blog