miércoles, 30 de diciembre de 2015

Lectura de la primera carta de san Juan 2, 12-17




Hijos, les escribo
porque sus pecados han sido perdonados
por el nombre de Jesús.
Padres, les escribo
porque ustedes conocen al que existe desde el principio.
Jóvenes, les escribo
porque ustedes han vencido al Maligno.
Hijos, les he escrito
porque ustedes conocen al Padre.
Padres, les he escrito
porque ustedes conocen al que existe desde el principio.
Jóvenes, les he escrito
porque son fuertes,
y la Palabra de Dios permanece en ustedes,
y ustedes han vencido al Maligno.
No amen al mundo ni las cosas mundanas.
Si alguien ama al mundo,
el amor del Padre no está en él.
Porque todo lo que hay en el mundo
-los deseos de la carne,
la codicia de los ojos
y ostentación de riqueza-
no viene del Padre, sino del mundo.
Pero el mundo pasa, y con él, sus deseos.
En cambio, el que cumple la voluntad de Dios
permanece eternamente.

Palabra de Dios.



Reflexionamos juntos

 Juan nos pone ante el dilema: en nuestra vida, ¿seguimos los criterios de Dios, o nos hemos dejado contaminar por los del mundo? ¿De veras nos sentimos libres de esos «deseos de la carne, la codicia de los ojos, la obtentacion de riqueza» o cosas equivalentes?  Seria bueno que, sin angustiarnos ni atormentarnos, pero con lucidez, recordáramos en este ambiente navideño que la vida es lucha, y que se nos pide una continuada decisión: decir «sí» a Cristo y «no» a las fuerzas del maligno. El que dice «sí» a Jesús, no puede a la vez decir «sí» al maligno. Por eso, celebrar la Navidad es apartarse de los criterios del mundo y seguir las huellas de Jesús, reordenar la jerarquía de los valores en nuestra vida, hacer una clara opción por sus bienaventuranzas, y no por las más fáciles o las de moda, que pueden ser claramente hostiles al Evangelio de Jesús.


P. Juan R. Celeiro 

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