viernes, 25 de diciembre de 2015

Lectura del libro de Isaías 9, 1-6



SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR
MISA DE LA NOCHE
 
Un hijo se nos ha dado
El pueblo que caminaba en las tinieblas
ha visto una gran luz;
sobre los que habitaban en el país de la oscuridad
ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría,
has acrecentado el gozo;
ellos se regocijan en tu presencia,
como se goza en la cosecha,
como cuando reina la alegría
por el reparto del botín.
 
Porque el yugo que pesaba sobre él,
la barra sobre su espalda
y el palo de su carcelero,
todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Porque las botas usadas en la refriega
y las túnicas manchadas de sangre,
serán presa de las llamas,
pasto del fuego.
 
Porque un niño nos ha nacido,
un hijo nos ha sido dado.
La soberanía reposa sobre sus hombros
y se le da por nombre:
«Consejero maravilloso, Dios fuerte,
Padre para siempre, Príncipe de la paz».
Su soberanía será grande,
y habrá una paz sin fin
para el trono de David
y para su reino;
él lo establecerá y lo sostendrá
por el derecho y la justicia,
desde ahora y para siempre.
 
El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.
 
Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

 El profeta nos invita a la esperanza porque Dios viene a Sión "consuela a su pueblo y redime a Jerusalén". La promesa se refiere a los tiempos del destierro en Babilonia y a su próximo final. Pero nosotros leemos el pasaje desde la perspectiva de la Encarnación del Hijo de Dios. Podemos leer con más alegría que los primeros oyentes de Isaías el anuncio de que "tu Dios reina", o que "verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios". En verdad, "¡qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz!". Por muy preocupados que estemos por los problemas de la vida, y por negro que veamos el panorama social o eclesial, es bueno que nos dejemos contagiar de la alegría y la esperanza que anunciaba Isaías. Viene Dios en la humildad de un niño y nos trae el anuncio de que Dios reina en quienes le quieran recibir, y realizará con su vida la gran victoria de Dios sobre todos los enemigos de la humanidad: el odio, la guerra y los pecados que deshumanizan a los hijos de Dios.


P. Juan R. Celeiro 
 

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