martes, 22 de diciembre de 2015

Lectura del primer libro de Samuel 1, 19b-20. 24-28





Elcaná se unió a su esposa Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, y a su debido tiempo dio a luz un hijo, al que puso el nombre de Samuel, diciendo: «Se lo he pedido al Señor».
Cuando el niño dejó de mamar, lo subió con ella, llevando además un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino, y lo condujo a la Casa del Señor en Silo. El niño era aún muy pequeño. Y después de inmolar el novillo, se lo llevaron a Elí.
Ella dijo: «Perdón, señor mío; ¡por tu vida, señor!, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti, para orar al Señor. Era este niño lo que yo suplicaba al Señor, y Él me concedió lo que le pedía. Ahora yo, a mi vez, se lo cedo a Él: para toda su vida queda cedido al Señor».
Después se postraron delante del Señor.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 Este pasaje ha sido elegido por dos razones: el cántico de Ana contiene exactamente los mismos temas que el « Magnificat » de Maria que se lee en este día y la maternidad excepcional de esa mujer, hasta ahora estéril, anuncia también por adelantado las dos maternidades excepcionales de Isabel y de Maria. Dios ama a los pobres, se hace defensor de los débiles, de los que no tienen apoyo humano. El tema de la “alegría y el de la “pobreza” están ligadas. Concédenos, Señor, esa pobreza interior y, a la vez, esa alegría.


P. Juan R. Celeiro

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