miércoles, 6 de enero de 2016

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 3, 2-6


 

Hermanos:
Seguramente habrán oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en beneficio de ustedes.
Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras. Al leerlas, se darán cuenta de la comprensión que tengo del misterio de Cristo, que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas.
Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.
 
Palabra de Dios.


También lo gentiles son coherederos. Cuando San Pablo escribe esta carta a los Efesios, la Iglesia cristiana ya era católica, ya era universal, ya había roto las barreras judías que le impedían abrirse al mundo de los gentiles. También ahora, en nuestra sociedad actual, los cristianos debemos luchar contra todas las barreras que ponen los más fuertes y los más poderosos, para que los débiles y desprotegidos no se acerquen a ellos y les perturben su riqueza y su paz económica y social. La religión cristiana es una religión universal, de fraternidad y de amor para todos; nuestro compromiso cristiano no puede quedarse encerrado en nuestros templos y en nuestras sacristías. Debemos ser cristianos no sólo en el templo, sino también en la calle, en la cultura y en la sociedad. Ser cristiano debe ser sinónimo de hombre universal, fraterno y solidario, sobre todo con los más pobres y necesitados. Los cristianos debemos regalar en este momento nuestra ayuda a los pueblos y a las personas más pobres y necesitadas del mundo. Ese debe ser ahora nuestro mejor regalo.
 

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