viernes, 8 de enero de 2016

Lectura de la primera carta de san Juan 4, 7-10




Queridos míos,
amémonos los unos a los otros,
porque el amor procede de Dios,
y el que ama ha nacido de Dios
y conoce a Dios.
El que no ama no ha conocido a Dios,
porque Dios es amor.
Así Dios nos manifestó su amor:
envió a su Hijo único al mundo,
para que tuviéramos Vida por medio de Él.
Y este amor no consiste
en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino en que Él nos amó primero,
y envió a su Hijo
como víctima propiciatoria por nuestros pecados.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos


El programa de Juan es sencillo de decir y difícil de cumplir: amémonos los unos a los otros, porque todos somos nacidos de Dios, y Dios es amor. Una vez más, en estos días últimos de la Navidad y primeros del año, se nos pone delante, como en un espejo, el modelo del amor de Dios, para que lo imitemos. Nunca mejor que en la Navidad se nos puede recordar el amor de Dios que nos ha enviado a su Hijo. Y se nos avisa: «quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor».
¿Creemos de veras en el amor de Dios? ¿Nos dejamos envolver por él, le dejamos que cambie nuestra existencia? ¿Hemos aprendido la lección que él ha querido enseñarnos, el amor fraterno? Es inútil que creamos que ha sido una buena Navidad, si no hemos progresado en nuestra actitud de cercanía y amabilidad con las demás personas. Lo que creemos y lo que hemos celebrado no se puede quedar en teoría: compromete nuestra manera de vivir.


P. Juan R. Celeiro


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