miércoles, 6 de enero de 2016

Lectura del libro de Isaías 60, 1-6


 


¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz
y la gloria del Señor brilla sobre ti!
Porque las tinieblas cubren la tierra
y una densa oscuridad, a las naciones,
pero sobre ti brillará el Señor
y su gloria aparecerá sobre ti.
Las naciones caminarán a tu luz
y los reyes, al esplendor de tu aurora.
 
Mira a tu alrededor y observa:
todos se han reunido y vienen hacia ti;
tus hijos llegan desde lejos
y tus hijas son llevadas en brazos.
Al ver esto, estarás radiante,
palpitará y se ensanchará tu corazón,
porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar
y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti.
Te cubrirá una multitud de camellos,
de dromedarios de Madián y de Efá.
Todos ellos vendrán desde Sabá,
trayendo oro e incienso,
y pregonarán las alabanzas del Señor.
 
Palabra de Dios.



Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Epifanía significa literalmente manifestación. La fiesta de la Epifanía del Señor es, pues, la fiesta de la manifestación del Señor, referida, en este caso, a los reyes Magos, es decir, a los pueblos no judíos, a los pueblos paganos. Referido a nosotros, debemos pensar y sentir que todos los días se nos está manifestando Dios, de un modo o de otro. Todos los días se nos manifiesta el Señor, todos los días Dios amanece sobre nuestras vidas. Lo importante es que seamos capaces de verlo, que lo veamos en el pobre que sufre y en el rico que comparte sus bienes, en nuestros éxitos y en nuestros fracasos, en los días grises del alma y en los días llenos de luz, en la salud y en la enfermedad, en el amor y en desamor. El alma profundamente religiosa sabe descubrir a Dios en medio de los acontecimientos de cada día. Pero sí, muchas veces necesitamos que una estrella nos guíe, que la luz de Dios se haga más visible a través de signos especiales. Puede ser la lectura de la vida de un santo, o la lectura en el periódico del comportamiento heroico de una persona valiente y generosa, en defensa de los derechos humanos o de alguna víctima inocente, o en la oración, o en el recogimiento, o en la muerte de un ser querido, singularmente bueno. Dios siempre está se nos está manifestando, lo importante es que tengamos los ojos y el corazón limpios, para saber ver a Dios a través de los acontecimientos interiores y exteriores. También debemos pensar que Dios quiere valerse, a veces, de cada uno de nosotros para que seamos luz y estrella que oriente el camino de los demás. Con mucha humildad y con mucha generosidad, ofreciendo, no imponiendo, viviendo, más que hablando. La luz de Dios, su estrella, cuando se hace presente, de verdad, en nuestras vidas, nos llena de una alegría interior y profunda. Saber que la luz de nuestra vida orienta por el buen camino a otras personas nos da confianza y alegría. En estos casos, es fácil descubrir a Dios, caer de rodillas delante de él y adorarle. 

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