domingo, 31 de enero de 2016

Lectura del libro del profeta Jeremías 1, 4-5. 17-19



En tiempos del rey Josías,
la palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
Antes de formarte en el vientre materno, Yo te conocía;
antes de que salieras del seno, Yo te había consagrado,
te había constituido profeta para las naciones.
En cuanto a ti, cíñete la cintura,
levántate y diles
todo lo que Yo te ordene.
No te dejes intimidar por ellos,
no sea que te intimide Yo delante de ellos.
Mira que hoy hago de ti
una plaza fuerte,
una columna de hierro,
una muralla de bronce,
frente a todo el país:
frente a los reyes de Judá y a sus jefes,
a sus sacerdotes y al pueblo del país.
Ellos combatirán contra ti,
pero no te derrotarán,
porque Yo estoy contigo para librarte.
Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 Jeremías fue un muchacho -no llegaba a veinte años cuando empezó su misión, hacia el año 627 antes de Cristo- a quien Dios sacó de la vida pacífica de su pueblo, Anatot, cerca de Jerusalén, para constituirlo en voz profética que clamara contra la corrupción de su tiempo, la pérdida de la fe y las alianzas políticas inútiles y contraproducentes que sus gobernantes buscaban, y que en definitiva les llevaron al destierro. Hoy leemos su "vocación". Ya le adelanta Dios que necesitará toda la ayuda divina. También a nosotros nos ha tocado ser cristianos en tiempos difíciles. Todo cristiano, que quiera dar testimonio claro de su fe y de su estilo evangélico de vida, chocará con los diversos idearios que se predican en este mundo. Encontrará oposición o persecución, más o menos explícita, a veces en forma de indiferencia o de desautorización irónica. Pero: “Yo estoy contigo para librarte”


P. Juan R. Celeiro
 

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