sábado, 27 de febrero de 2016

Lectura de la profecía de Miqueas 7, 14-15. 18-20




Apacienta con tu cayado a tu pueblo,
al rebaño de tu herencia,
al que vive solitario en un bosque,
en medio de un vergel.
¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad,
como en los tiempos antiguos!
Como en los días en que salías de Egipto,
muéstranos tus maravillas.

¿Qué dios es como Tú, que perdonas la falta
y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia?
Él no mantiene su ira para siempre,
porque ama la fidelidad.
Él volverá a compadecerse de nosotros
y pisoteará nuestras faltas.
Tú arrojarás en lo más profundo del mar
todos nuestros pecados.
Manifestarás tu lealtad a Jacob
y tu fidelidad a Abraham,
como lo juraste a nuestros padres
desde los tiempos remotos.

Palabra de Dios.


Reflexionando juntos

 Una oración humilde, llena de confianza en Dios, es la que se nos ofrece hoy. Los rasgos con que retrata a Dios son expresivos: - es como el pastor que irá recogiendo a las ovejas de Israel que andan perdidas; - volverá a repetir lo que hizo entonces liberando a su pueblo de la esclavitud de Egipto; - y no los castigará: Dios es el que perdona; ésa es la experiencia de toda la historia. Es una verdadera amnistía la que se nos anuncia. En Cuaresma nos acordamos más de la bondad de Dios. Como Miqueas invita a su pueblo a convertirse a Yahvé, porque es misericordioso y los recibirá amablemente, también nosotros debemos volvernos hacia Dios, llenos de confianza.



P. Juan R. Celeiro

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