martes, 16 de febrero de 2016

Lectura del libro de Isaías 55, 10-11




Así habla el Señor:
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo
y no vuelven a él sin haber empapado la tierra,
sin haberla fecundado y hecho germinar,
para que dé la semilla al sembrador
y el pan al que come,
así sucede con la palabra que sale de mi boca:
ella no vuelve a mí estéril,
sino que realiza todo lo que Yo quiero
y cumple la misión que Yo le encomendé.

Palabra de Dios.


Reflexionando juntos

 Isaías nos presenta la fuerza intrínseca que tiene la palabra de Dios, que siempre es eficaz y consigue lo que quiere. La comparación está tomada del campo y la podemos entender todos: esa palabra es como la lluvia que baja, que empapa la tierra y la hace fecunda. Uno de los mejores propósitos que podríamos tomar en esta Cuaresma, sería el de abrirnos más a la palabra de Dios que baja sobre nosotros. Es la primera actitud de un cristiano: ponernos a la escucha de Dios, atender a su palabra, admitirla en nuestra vida, «comerla», «comulgar» con esa palabra que es Cristo mismo, en la «primera mesa», que se nos ofrece en cada Eucaristía.

P. Juan R. Celeiro

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