viernes, 5 de febrero de 2016

Lectura del libro del Eclesiástico 47, 2-1




Como se aparta la grasa del sacrificio de comunión,
así fue elegido David entre los israelitas.
Él jugó con leones como si fueran cabritos
y con osos como si fueran corderos.
¿Acaso, siendo joven, no mató a un gigante
y extirpó el oprobio del pueblo,
cuando lanzó una piedra con la honda
y abatió la arrogancia de Goliat?
Porque él invocó al Señor, el Altísimo,
que fortaleció su brazo
para exterminar a un guerrero poderoso
y mantener erguida la frente de su pueblo.
Por eso, lo glorificaron por los diez mil,
y lo alabaron por las bendiciones del Señor,
ofreciéndole una diadema de gloria.
Porque él destruyó a los enemigos de alrededor
y aniquiló a sus adversarios, los filisteos,
quebrando su poderío hasta el día de hoy.
En todas sus obras rindió homenaje
al Santo Altísimo, con palabras de gloria;
cantó himnos de todo corazón,
mostrando su amor por su Creador.
Estableció cantores delante del altar,
para que entonaran cantos melodiosos;
dio esplendor a las fiestas,
y ordenó perfectamente las solemnidades,
haciendo que se alabara el santo Nombre del Señor
y que resonara el Santuario desde el alba.
El Señor borró sus pecados
y exaltó su poderío para siempre,
le otorgó una alianza real
y un trono de gloria en Israel.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 El Eclesiástico, resume lo que representa David para la historia de este pueblo de Israel, y por tanto también para nosotros, porque somos sus herederos. No podemos olvidar que Jesús de Nazaret, el Mesías, ha venido de la casa de David y los evangelios le llaman muchas veces «hijo de David». Además de recordar episodios más o menos llamativos de su vida -de niño, de joven, de rey, con una rápida alusión a su pecado y a su perdón-, resalta sobre todo lo litúrgico y cultual que realizó David en su papel sacerdotal al frente del pueblo: daba gracias y alababa a Dios, entonaba salmos cada día, compuso música para el culto e introdujo instrumentos, celebró solemnes fiestas, ordenó el ciclo del año litúrgico. Política y socialmente fue decisiva su obra, y también en cuanto a la vida religiosa de su pueblo.

P. Juan R. Celeiro

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