domingo, 27 de marzo de 2016

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10, 34a. 37-43


 

Pedro, tomando la palabra, dijo: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con El.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con Él, después de su resurrección.
Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que Él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de Él, declarando que los que creen en Él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre».
 
Palabra de Dios.


Reflexionando juntos

 Leemos el testimonio de Pedro, en casa del pagano Cornelio, sobre la resurrección de Cristo. Lucas da mucha importancia a este episodio: le dedica dos capítulos enteros, el 10 para narrar cómo sucedió, y el 11 para decir cómo Pedro dio cuenta a la comunidad de Jerusalén de lo acontecido. Es un hecho fundamental para explicar la apertura universalista de la comunidad cristiana también a los paganos. El testimonio principal de Pedro, que repite en todas sus "catequesis" o discursos, delante del pueblo o de las autoridades, y aquí en casa de unos paganos, es: "lo mataron suspendiéndolo de un patíbulo, pero Dios lo resucitó al tercer día", y "los que creen en él, reciben el perdón de los pecados". Ahora somos nosotros los que en el siglo XXI debemos anunciar a Cristo a este mundo. Los cristianos no sólo debemos ser buenas personas, sino además "testigos" de la resurrección de Cristo, con nuestra conducta y con nuestra palabra. En medio de una sociedad paganizada, tenemos que dar testimonio de que Jesús es el Salvador: en nuestra familia, en el mundo de la educación, en el cuidado de los ancianos y enfermos, en la actividad profesional, en los medios de comunicación.


P. Juan R. Celeiro
 

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