lunes, 7 de marzo de 2016

Lectura del libro de Isaías 65, 17-21




Así habla el Señor:
Yo voy a crear
un cielo nuevo y una tierra nueva.
No quedará el recuerdo del pasado
ni se lo traerá a la memoria,
sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre
por lo que Yo voy a crear:
porque voy a crear a Jerusalén para la alegría
y a su pueblo para el gozo.
Jerusalén será mi alegría,
Yo estaré gozoso a causa de mi pueblo,
y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos.
Ya no habrá allí niños que vivan pocos días
ni ancianos que no completen sus años,
porque el más joven morirá a los cien años
y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito.
Edificarán casas y las habitarán,
plantarán viñas y comerán sus frutos.

Palabra de Dios.


Reflexionando juntos

El profeta anuncia como una vuelta al paraíso inicial: Dios está proyectando un cielo nuevo y una tierra nueva. Dios quiere que el hombre y la sociedad vuelvan al estado primero de felicidad, equilibrio y armonía. La vuelta del destierro de Babilonia se describe con tonos poéticos, un poco idílicos, de nueva creación en todos los sentidos: todo será alegría, fertilidad en los campos y felicidad en las personas. No somos nosotros los protagonistas de lo que quiere ser esta Pascua. No somos nosotros los que le dedicamos a Dios este tiempo o nuestros esfuerzos. Es él quien tiene planes. Es él, como hizo con el pueblo de Israel, ayudándole a volver del destierro, quien quiere llevar a cabo también con nosotros un cielo nuevo y una tierra nueva. Es Dios quien desea que esta próxima Pascua sea una verdadera primavera para nosotros, incorporándonos a su Hijo. 


P. Juan R. Celeiro 

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