viernes, 18 de marzo de 2016

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13




Dijo el profeta Jeremías:
Oía los rumores de la gente:
«¡Terror por todas partes!
¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!»
Hasta mis amigos más íntimos
acechaban mi caída:
«Tal vez se lo pueda seducir;
prevaleceremos sobre él
y nos tomaremos nuestra venganza».

Pero el Señor está conmigo
como un guerrero temible:
por eso mis perseguidores tropezarán
y no podrán prevalecer;
se avergonzarán de su fracaso,
será una confusión eterna, inolvidable.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo,
que ves las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos!,
porque a ti he encomendado mi causa.

¡Canten al Señor, alaben al Señor,
porque Él libró la vida del indigente
del poder de los malhechores!

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 De nuevo aparece Jeremías como figura de Cristo Jesús en su camino de la cruz. A él le tocó anunciar desgracias y catástrofes, si no se convertían. El suyo fue un mensaje mal recibido por todos, por el pueblo, por sus familiares, por las autoridades. Tramaron su muerte, y él era muy consciente de ello. Se ve que, a pesar del drama personal que vive -y que en otras páginas incluso adquiere tintes de rebelión contra Dios-, triunfa en él la oración confiada en Dios: «el Señor está conmigo... ». Jeremías representa a tantas personas a quienes les toca sufrir en esta vida, pero que ponen su confianza en Dios y siguen adelante su camino. De tantas personas que pueden decir con el salmo de hoy: «invoqué al Señor y El me escuchó».



P. Juan R. Celeiro

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