domingo, 6 de marzo de 2016

Lectura del libro de Josué 4, 19; 5, 10-12



Después de atravesar el Jordán, los israelitas entraron en la tierra prometida el día diez del primer mes, y acamparon en Guilgal. El catorce de ese mes, por la tarde, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó. Al día siguiente de la Pascua, comieron de los productos del país -pan sin levadura y granos tostados- ese mismo día.
El maná dejó de caer al día siguiente, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán.

Palabra de Dios.


Reflexionando juntos

 Josué es quien tomó el relevo de Moisés en la guía del pueblo en su entrada a la tierra prometida de Canaán, y el que por tanto presidió la primera Pascua que en aquella ocasión solemnemente celebró el pueblo. Se terminó la época del desierto, o sea, de la peregrinación constante: aquel día "no hubomás maná", que era el alimento provisional, y pudieron ya comer de la cosecha de la nueva tierra. Fue un momento muy significativo de la historia de este pueblo, como conclusión del éxodo que había comenzado en la salida de Egipto hacía cuarenta años. Como el pueblo de Israel, a las puertas de la tierra prometida, celebró la Pascua, nosotros deberíamos experimentar el paso del desierto a la morada estable, de la provisionalidad a la vida nueva y definitiva: "tú abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo, a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza..." (Prefacio V).

P. Juan R. Celeiro

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