sábado, 19 de marzo de 2016

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16



Solemnidad


En aquellos días, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:
«Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: "Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Él edificará una casa para mi nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre"».

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 El profeta Natán le anuncia a David un hijo. Históricamente, ese hijo sería Salomón. Pero pronto el pueblo de Israel vio en el descendiente de David, "cuyo trono será estable para siempre", la personificación del futuro Mesías. A José se le presenta en el evangelio precisamente como de la familia de David, el último eslabón de la cadena genealógica del Mesías. De él sí que se puede decir, con el salmo que cantamos como meditación: "Su descendencia permanecerá para siempre". Por esta relación familiar de José se podrá decir que Jesús entronca con el linaje de David, como habían anunciado los profetas. En nuestra preparación de la Pascua nos puede ayudar este santo humilde, trabajador, fiel, un hombre "justo", o sea, un "hombre bueno": un modelo de lo que Dios nos pide desde nuestra existencia de cada día, sin cosas extraordinarias, pero con fidelidad y docilidad a sus planes.


P. Juan R. Celeiro 

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