lunes, 11 de abril de 2016

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6, 8-15


Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios signos en el pueblo.
Algunos miembros de la sinagoga llamada "de los Libertos", como también otros, originarios de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron para discutir con él. Pero como no encontraban argumentos, frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra, sobornaron a unos hombres para que dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y contra Dios. Así consiguieron excitar al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín.
Entonces presentaron falsos testigos, que declararon: «Este hombre no hace otra cosa que hablar contra este Lugar santo y contra la Ley. Nosotros le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá este Lugar y cambiará las costumbres que nos ha transmitido Moisés».
En ese momento, los que estaban sentados en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron que el rostro de Esteban parecía el de un ángel.

Palabra de Dios.

Reflexionando juntos
Sin necesidad de que seamos apóstoles o diáconos, todos somos invitados a dar testimonio de Cristo. También a nosotros, nos pasará, como a Esteban, que nos encontramos en medio de un mundo hostil al mensaje cristiano. Y no es extraño que nos asalte la tentación de ocultar nuestro testimonio, para no tener dificultades. El cristiano tiene que seguir los caminos del evangelio, y no los de este mundo, que muchas veces son opuestos. Probablemente no tendremos ocasión de pronunciar discursos elocuentes ante las autoridades o las multitudes. Nuestra vida es el mejor testimonio y el más elocuente discurso, si se conforma a Cristo Jesús.
P. Juan R. Celeiro

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