domingo, 3 de abril de 2016

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 12-16



Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón, pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos.
Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres. Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos. La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban sanados.

Palabra de Dios.


Reflexionando juntos

 El primer fruto de la Pascua de Cristo y de su envío del Espíritu fue su comunidad, transformada por el gran acontecimiento: "¡hemos visto al Señor!". En los Hechos de los Apóstoles vemos cómo vive, cómo crece, cómo reacciona esta comunidad ante los signos de la historia. Es una comunidad de creyentes. Es una comunidad misionera que crece. No es una comunidad cerrada, sino abierta y enviada a una misión. Es una comunidad experta en dolor. Una comunidad que ya desde el primer siglo se siente perseguida por un mundo hostil o indiferente. Es una comunidad carismática: ha recibido el Espíritu de Jesús y ahora prosigue las obras que él hacía. Son los signos de que ahora Dios está actuando a través de la comunidad del Resucitado, precisamente a favor de los enfermos y débiles. Es un buen espejo para que nos examinemos nosotros hoy: nuestras comunidades, ¿tienen estas cualidades que admiramos en la primera? Puede parecemos un poco utópico: pero es el programa de vida nueva al que Dios nos invita al unirnos al Resucitado y dejarnos guiar por su Espíritu.

P. Juan R. Celeiro

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