miércoles, 6 de abril de 2016

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 17-26




El Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos, llenos de envidia, hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública.
Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo: «Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida». Los Apóstoles, obedeciendo la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar.
Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel. Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron.
Entonces volvieron y dijeron: «Encontramos la prisión cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas, pero cuando las abrimos, no había nadie adentro».
Al oír esto, el jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué había sucedido. En ese momento llegó uno, diciendo: «Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo».
El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por el pueblo.

Palabra de Dios.


Reflexionando juntos


De nuevo han ido a parar a la cárcel los apóstoles. Los ha mandado detener el Sanedrín, sobre todo el grupo de los saduceos.
Pero el ángel del Señor les libera y les anima a seguir dando testimonio. Se repite la dinámica de la Pascua de Jesús: la muerte y la resurrección, la persecución y la liberación. Y los apóstoles, obedientes una vez más, e íntimamente convencidos de lo que hacen, «se pusieron a enseñar» ya de temprano. La obra de Dios sigue adelante: no tiene barreras.
Las autoridades tienen que volver a mandar que los detengan, aunque con miedo al pueblo. A la fe en Cristo Jesús que predican los apóstoles la llama el ángel: «esta nueva vida». Y es que no se trata sólo de un conocimiento, sino un estilo que revoluciona la vida entera de los seguidores de Jesús.


P. Juan R. Celeiro 


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