viernes, 8 de abril de 2016

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7




En aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.
Entonces los Doce convocaron. a todos los discípulos y les dijeron: «No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocupamos de servir las mesas. Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea. De esa manera, podremos dedicamos a la oración y al ministerio de la Palabra».
La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor ya Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los Apóstoles, y éstos, después de orar, les impusieron las manos.
Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe.

Palabra de Dios.


Reflexionando juntos

 Por muy buena que sea una comunidad, no es nada extraño que en su vida haya momentos de tensión. La primera comunidad de Jerusalén, al crecer, también conoció dificultades internas, además de las externas. No era una comunidad ideal. Los varios grupos de lengua diferente -aramea y griega- se ve que tenían problemas en la convivencia. La lengua no es sólo una gramática y un vocabulario: es reflejo de una cultura y de una formación. La fe en Cristo une a todos los grupos, pero la sensibilidad no cambia fácilmente y puede dar lugar a tensiones. Es admirable la serenidad con que se resolvió el conflicto, con un oportuno diálogo entre los apóstoles y la comunidad. Así se llegó al nombramiento y ordenación, a partir de la propuesta de nombres por parte de todos, de esos siete diáconos del grupo helénico, y luego a una razonable descentralización y división de funciones entre los apóstoles y los diáconos.


P. Juan R. Celeiro

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