lunes, 16 de mayo de 2016

Lectura de la carta de Santiago 3, 13-18


Hermanos:

El que se tenga por sabio y prudente, demuestre con su buena conducta que sus actos tienen la sencillez propia de la sabiduría. Pero si ustedes están dominados por la rivalidad y por el espíritu e discordia, no se vanagloríen ni falten a la verdad.
Semejante sabiduría no desciende de lo alto sino que es terrena, sensual y demoníaca. Porque donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera. Un fruto de justicia se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz.

Palabra de Dios.



Reflexionando juntos

 La fe no es en principio el resultado de altas consideraciones intelectuales. La inteligencia es útil ciertamente, pero el verdadero criterio de fe se encuentra en la vida ¿Cuál es nuestra conducta? ¿Qué obras son las nuestras? Puede haber mucha más fe en un alma humilde, sin grandes ideas, que en el cerebro de un teólogo o un intelectual. Que mi vida, mi conducta cotidiana, mis obras estén llenas de tu sabiduría, Señor. Que mis manos, mi cuerpo, mis trabajos de cada día, mis conversaciones, todas mis relaciones humanas, estén impregnadas “de la sencillez propia de la sabiduría”. Nuestra verdadera fe se verifica en la capacidad que nos da de crear a nuestro alrededor una red de relaciones interpersonales, una red de amor. Transforma, Señor, mi corazón egoísta en un corazón de amor.


P. Juan R. Celeiro

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