martes, 3 de mayo de 2016

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15, 1-8




Hermanos:
Les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.
Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Cefas y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

Palabra de Dios.


Reflexionando juntos

 Pablo da testimonio de la verdad básica de la fe cristiana: que Cristo Jesús resucitó. Esta lectura ha sido elegida porque en la lista de personas favorecidas con las apariciones del Resucitado, está Santiago, un personaje importante en la comunidad de Jerusalén. En la base de todo espíritu apostólico, está el que nosotros mismos hayamos sabido descubrir a Jesús como camino, verdad y vida. Como Santiago que, según el testimonio de Pablo, tuvo la suerte de recibir una de las apariciones del Resucitado. Nosotros no le vemos corporalmente, pero sí lo podemos experimentar en su Palabra y en sus Sacramentos. Ése es el motor y la fuente de todo lo que podemos hacer después para comunicarlo a los demás,


P. Juan R. Celeiro

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