lunes, 23 de mayo de 2016

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pedro 1, 3-9




Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final.
Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente: así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo. Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en Él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación.

Palabra de Dios.


Reflexionando juntos



En un período de persecuciones, la carta quiere dar ánimos a los cristianos, recordándoles la fuente de su identidad cristiana, el bautismo, y su pertenencia a la comunidad eclesial. Algunos han creído reconocer en este escrito como un guion de celebración bautismal y pascual, o una homilía dirigida a los recién bautizados, para que empiecen a vivir el nuevo estilo de vida de Cristo. Comienza con un himno de acción de gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Un himno impregnado de esperanza y de ánimos, que contiene estas ideas: los cristianos hemos nacido de nuevo, somos regenerados
por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos y eso nos llena de esperanza y nos da ánimos para seguir fieles a Cristo, a pesar de que haya pruebas y sufrimientos; mientras caminamos hacia la herencia final, incorruptible, que tenemos reservada para nosotros en el cielo y se nos dará cuando se manifieste Jesucristo; los cristianos de las siguientes generaciones tienen un gran mérito: «lo aman sin haberlo visto, y creyendo en El sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria».




P.Juan R. Celeiro

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