lunes, 30 de mayo de 2016

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pedro 1, 2-7




Hermanos:
Lleguen a ustedes la gracia y la en abundancia, por medio del conocimiento de Dios y de Jesucristo, nuestro Señor.
Su poder divino, en efecto, nos ha concedido gratuitamente todo lo necesario para la vida y la piedad, haciéndonos conocer a Aquél que nos llamó por la fuerza de su propia gloria. Gracias a ella, se nos han concedido las más grandes y valiosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a participar de la naturaleza divina, sustrayéndose a la corrupción que reina en el mundo a causa de los malos deseos.
Por esta misma razón, pongan todo el empeño posible en unir a la fe, la virtud; a la virtud, el conocimiento; al conocimiento, la templanza; a la templanza, la perseverancia; a la perseverancia, la piedad; a la piedad, el espíritu fraternal; y al espíritu fraternal, el amor.

Palabra de Dios.



Reflexionando juntos

 La fe da sentido a toda nuestra vida. Pedro afirma nada menos que nos hace «participar de la naturaleza divina», porque Jesús, al hacerse hombre, nos ha hecho a nosotros de la misma familia de Dios y nos comunica su vida sobre todo a través de los sacramentos. Además de alegría, estimulo. Porque el programa de Pedro es que vayamos creciendo en gracia y en paz. Los dones de Dios son gratuitos, pero exigen que correspondamos a ellos con nuestra vida. Presenta una sabia mezcla de cualidades humanas y actitudes de fe: un retrato coherente de un cristiano con personalidad propia. Una personalidad que nos hace falta en medio de un mundo que también ahora sigue estando inmerso en la corrupción de la que ya hablaba Pedro.


P. Juan R. Celeiro 

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