domingo, 29 de mayo de 2016

Lectura del libro del Génesis 14, 18-20


 
SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO
CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
 
 
En aquellos días:
Melquisedec, rey de Salém, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y vino, y bendijo a Abrám, diciendo:
«¡Bendito sea Abrám "'
de parte de Dios, el Altísimo,
creador del cielo y de la tierra!
¡Bendito sea Dios, el Altísimo,
que entregó a tus enemigos en tus manos!»
 
Y Abrám le dio el diezmo de todo.
 
Palabra de Dios. 




Reflexionando juntos

 Leemos un breve episodio de la vida de Abrahán. A la vuelta de una escaramuza en la que tuvo que luchar contra unos enemigos y los venció, le sale al encuentro el rey de Salem (Jerusalén), Melquisedec, que era también sacerdote de Dios. Este misterioso personaje le ofrece pan y vino, y transmite a Abrahán, de parte de Dios, su bendición. Melquisedec, ofreció pan y vino a Abrahán, que volvía de una batalla. El NT le considera como figura profética de Jesús. Lo recordamos en la Plegaria Eucarística I (el "canon romano"): "mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec". Abrahán vendría cansado de su expedición. Nosotros, con frecuencia, también experimentamos el cansancio y el polvo del camino y nos podemos sentir exhaustos por las dificultades de la vida. Ahí tenemos, unos y otros, el alimento que Dios ha preparado para nosotros y que no se nos hubiera ocurrido a nosotros: nada menos que el Cuerpo y la Sangre de Cristo mismo, el Señor Resucitado, como alimento y "viático" para el camino.


P. Juan R. Celeiro

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