domingo, 12 de junio de 2016

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia 2, 16. 19-21


 

Hermanos:
Como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en Él, para ser justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley: en efecto, nadie será justificado en virtud de las obras de la Ley. Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios.
Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.
Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente.
Palabra de Dios.   


La fe en Cristo es la que salva. San Pablo en la Carta a los Gálatas demuestra cómo la ley por sí misma no salva. Sólo salva la fe y las obras que nacen de ella. La justificación por la fe está contrapuesta al deseo o intento del hombre de conseguir su acceso a Dios a base de prestaciones para las cuales se apoya únicamente en sí mismo y no en Cristo. La ley del Antiguo Testamento, en cuanto tal ley, no daba la fuerza para cumplirla, y aun en el caso imposible de que se llegue a observar perfectamente, todavía no constituye, ella sola, un motivo suficiente para obtener la justificación en el sentido fuerte de la palabra, que es el que aquí se trata, es decir, de presentarse inocente ante Dios, unido con El, agradable a sus ojos. Por la fe establece el hombre una unión con el Señor, de tal manera que es él quien vive en la persona. La fe es mucho más que una mera aceptación de contenidos doctrinales o de paradojas y cuestiones incomprensibles. Supone en realidad la renuncia a apoyarse en uno mismo para que Cristo sea todo en uno.




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