domingo, 19 de junio de 2016

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia 3, 26-29


 

Hermanos:
Todos ustedes, por la fe, son hijos de Dios en Cristo Jesús, porque habiendo sido bautizados en Cristo, han quedado revestidos de Cristo.
Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. Y si pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa.
Palabra de Dios. 


Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Estas palabras de san Pablo a los Gálatas se citan frecuentemente, para fundamentar la unidad de todos los cristianos, y de todas las personas, en general; el cristianismo es una religión universal, sin distinción de fronteras, razas o lenguas. Por el bautismo todos somos una comunidad de hermanos, hijos de un mismo Dios. Esta verdad, que siempre ha sido necesario afirmar y defender, debemos predicarla y proclamarla ahora con fuerza, ante tantos actos de terrorismo fundamentado, al menos, nominalmente, en creencias religiosas. El Dios que predicó Jesús de Nazaret, su buena nueva, su evangelio, debe ser amado y predicado siempre como un Dios de justicia misericordiosa, de amor universal a todas las personas, sean hombres o mujeres, de aquí o de allá. En este año de la misericordia, prediquemos siempre nuestra fe y nuestro amor a Dios misericordioso.
Gabriel González del Estal
 

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