miércoles, 29 de junio de 2016

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18




Querido hijo:
Ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.
El Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A El sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra de Dios. 


Que San Pedro y San Pablo, hombres con identidad, aplomo, arrojo y valentía, nos ayuden a re-evangelizar un mundo que diciendo ser de Dios vive de espaldas a Él. Hombres y mujeres que, diciendo ser católicos, les ocurre lo mismo que al madero afectado por la termita: por fuera parecen ser sólidos pero por dentro están huecos y afectados por otros elementos invasores y contrarios a su identidad.

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