lunes, 13 de junio de 2016

Lectura del primer libro de los Reyes 21, 1-19




Nabot, el izreeIita, tenía una viña en IzreeI, aliado del palacio de Ajab, rey de Samaría. Ajab dijo a Nabot: «Dame tu viña para hacerme una huerta, ya que está justo aliado de mi casa. Yo te daré a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su valor en dinero».
Pero Nabot respondió a Ajab: «¡EI Señor me libre de cederte la herencia de mis padres!»
Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: «No te daré la herencia de mis padres». Se tiró en su lecho, dio vuelta la cara y no quiso probar bocado.
Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó: «¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?»
Él le dijo: «Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y le propuse: "Véndeme tu viña o, si quieres, te daré otra a cambio". Pero él respondió: "No te daré mi viña"».
Su esposa Jezabelle dijo: «¿Así ejerces tú la realeza sobre Israel? j Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré la viña de Nabot, el izreelita!»
En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot. En esa carta escribió: «Proclamen un ayuno y en la asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera fila. Hagaq sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen contra él, diciendo: "Tú has maldecido a Dios y al rey". Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas».
Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables, conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que les había mandado Jezabel, según lo que estaba escrito en la carta que les había enviado. Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en primera fila. En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron enfrente y atestiguaron contra él diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey». Entonces lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas. y mandaron decir a Jezabel: «Nabot fue apedreado y murió».
Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido matado a pedradas, dijo a Ajab: «Ya puedes tomar posesión de la viña de Nabot, ésa que él se negaba a venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto».
Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la viña de Nabot, el izreelita, para tomar posesión de ella.
Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: «Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella. Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí también lamerán tu sangre».

Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

 La maldad de los cínicos y el abuso del poder siguen existiendo en nuestro mundo. Muchos poderosos se aprovechan de su situación en beneficio propio. Lo que hoy llamamos «tráfico de influencias» o las diversas clases de corrupción del poder, es lo mismo que hicieron Ajab y Jezabel. Siempre sale perdiendo el débil, por más razones que le asistan. Esto puede pasar en los niveles políticos, en la relación entre pueblos poderosos y débiles, o en el mundo de la economía, entre ricos y pobres. También en la Iglesia. Y también en nuestro pequeño mundo doméstico. Cada uno de nosotros puede ser un tirano y abusar de su poder en relación a otros más débiles. Pensemos si sucede algo parecido, en otras dimensiones, claro está a lo que aquellos reyes hicieron con Nabot. ¿Echamos mano de artimañas y hasta de injusticias para conseguir lo que queremos, cuando no lo logramos por las buenas? No nos contentemos con juzgar a Jezabel y Ajab. Puede ser que también nosotros, alguna vez, «aplastemos al débil» cuando nos estorba en nuestros propósitos.


P. Juan R. Celeiro

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