lunes, 6 de junio de 2016

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 1-6



Elías, de Tisbé en Galaad, dijo a Ajab: «¡Por la vida del Señor, el Dios de Israel, a quien yo sirvo, no habrá estos años rocío ni lluvia, a menos que yo lo diga!»
La palabra del Señor le llegó en estos términos: «Vete de aquí; encamínate hacia el Oriente y escóndete junto al torrente Querit, que está al este del Jordán. Beberás del torrente, y Yo he mandado a los cuervos que te provean allí de alimento».
Él partió y obró según la palabra del Señor: fue a establecerse junto al torrente Querit, que está al este del Jordán. Los cuervos le traían pan por la mañana y carne por la tarde, y él bebía del torrente.

Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos


Empezamos hoy el «ciclo de Elías», uno de los personajes principales de la historia de Israel. Su nombre significa «Yahvé es mi Dios». Elías es figura de Jesús, sobre todo por las contradicciones que sufrió debido a la valentía de sus denuncias.
Hoy se enfrenta a Ajab, un rey débil, manejado por su esposa Jezabel, fenicia, que ha empujado al pueblo a la idolatría. A la vez, es un rey que falta clamorosamente a la justicia social, aprovechándose del poder en beneficio propio. Elías le anuncia una gran sequía, que, por otra parte, era frecuente en las tierras de Palestina. Pero él la interpreta como castigo a sus pecados. Hay una clara ironía en el relato, porque el dios fenicio Baal, al que se habían pasado muchos israelitas, era considerado precisamente como el dios de la lluvia y la fertilidad. Él tiene que huir, porque le persiguen. Se esconde junto a un torrente y hará vida de ermitaño, ayudado milagrosamente por Dios en ese tiempo de sequía y hambre.



P.  Juan R. Celeiro 

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