domingo, 10 de julio de 2016

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 1, 15-20


 
Cristo Jesús es la Imagen del Dios invisible,
el Primogénito de toda la creación,
porque en Él fueron creadas todas las cosas,
tanto en el cielo como en la tierra,
los seres visibles y los invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades:
todo fue creado por medio de Él y para Él.
 
Él existe antes que todas las cosas
y todo subsiste en Él.
Él es también la Cabeza del Cuerpo,
es decir, de la Iglesia.
 
Él es el Principio,
el Primero que resucitó de entre los muertos,
a fin de que Él tuviera la primacía en todo,
porque Dios quiso que en Él residiera toda la Plenitud.
 
Por Él quiso reconciliar consigo
todo lo que existe en la tierra y en el cielo,
restableciendo la paz por la sangre de su cruz.
 
Palabra de Dios. 



Cristo es la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. San Pablo recoge este “himno cristológico” probablemente de la liturgia bautismal del siglo primero. El primero, les dice san Pablo a los cristianos de Colosas, es Cristo, no los astros u otros poderes celestes intermedios. Para los cristianos el único que tiene el poder y la gloria es Cristo, no otro poder del orden que sea. Pues bien, si Cristo es nuestra cabeza, digamos nosotros con palabras de san Pablo, portémonos cada uno de nosotros como cuerpo de Cristo. San Agustín decía a sus fieles que si al besar la cabeza de la imagen de Cristo, le pisaban los pies, como algunos hacían a veces, en realidad estaban pisoteando a los pobres, porque los pies de Cristo son los pobres. Pensar que estamos comportándonos como cuerpo de Cristo, cuando somos inmisericordes con los pobres y necesitados, es hacer una ofensa al Cristo total del que nos habla san Pablo. Uniendo esta idea con la parábola del samaritano de la que se nos habla en el evangelio de hoy, pensemos que los emigrantes y refugiados, y todas las personas necesitadas, son los pies de Cristo. Si besamos la cabeza de Cristo, en nuestras oraciones y devociones, no pisemos sus pies en nuestro comportamiento diario con las personas necesitadas.
 

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