domingo, 24 de julio de 2016

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 2, 12-14


Hermanos:
En el bautismo, ustedes fueron sepultados con Cristo, y con Él resucitaron, por la fe en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos.
Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y de la incircuncisión de su carne, pero Cristo los hizo revivir con Él, perdonando todas nuestras faltas. Él canceló el acta de condenación que nos era contraria, con todas sus cláusulas, y la hizo desaparecer clavándola en la cruz.
Palabra de Dios. 


Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. En esta Carta a los Colosenses, san Pablo insiste en la idea central de toda su predicación, desde el momento mismo de su conversión a Cristo Jesús: es Cristo el que nos salva, no es la circuncisión, ni el cumplimiento de las demás leyes mosaicas son el requisito necesario para salvarnos. Por el bautismo nos incorporamos a Cristo y por la fuerza de Cristo resucitamos con él. Los cristianos sabemos que Cristo es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Debemos vivir en comunión con Cristo, comulgar con él y dejarnos guiar por él. Para conseguir esto, es bueno que leamos una y otra vez el evangelio de Jesús y que hagamos todos los días el propósito de vivir según el estilo de vida de Cristo, en las circunstancias propias en las que vivimos los cristianos de este siglo XXI. Este siglo nuestro es como un gran cuerpo animado por muchos espíritus que no son el espíritu de Cristo: el espíritu del dinero, del poder, de lo que nos gusta materialmente. Tenemos que trabajar mucho los cristianos para inyectar en nuestro mundo el espíritu de Cristo: espíritu de servicio, de generosidad, de justicia moral, de vida espiritual cristiana. Si no lo hacemos así no estaremos siendo fieles a las promesas que hicimos, o que hicieron en nuestro nombre nuestros padres y padrinos, cuando nos bautizaron. Vivamos como personas bautizados en el espíritu de Cristo y así podremos resucitar con él. Y estemos seguros de que, si lo hacemos así, estaremos contribuyendo a que nuestro mundo sea un poco mejor, es decir, un poco más cristiano.

 
Gabriel González del Estal
 

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