sábado, 2 de julio de 2016

Lectura de la profecía de Amós 9, 11-15





Así habla el Señor:
Aquel día, Yo levantaré la choza derruida de David,
repararé sus brechas, restauraré sus ruinas,
y la reconstruiré como en los tiempos pasados,
para que ellos tomen posesión
del resto de Edóm y de todas las naciones
que han sido llamadas con mi Nombre
-oráculo del Señor que cumplirá todo esto-.

Llegan los días -oráculo del Señor-
en que el labrador seguirá de cerca al que siega,
y el que vendimia al que siembra.
Las montañas harán correr el vino nuevo
y destilarán todas las colinas.

Yo cambiaré la suerte de mi pueblo Israel;
ellos reconstruirán las ciudades desvastadas y las habitarán,
plantarán viñedos y beberán su vino,
cultivarán huertas y comerán sus frutos.
Los plantaré en su propio suelo,
y nunca más serán arrancados
del suelo que Yo les di,
dice el Señor, tu Dios.

Palabra de Dios.


Reflexionemos juntos

 El final de nuestra lectura de Amós se tiñe de un tono de esperanza. Después de las denuncias, el vidente anuncia un futuro de felicidad. Invita al pueblo a tener confianza en Dios, que, a pesar de ser exigente en el cumplimiento de su Alianza, es comprensivo con nuestra debilidad. Las imágenes están tomadas de la vida del campo: se levanta la choza caída, se reparan las ruinas, se suceden rápidamente las cosechas, se recoge vino abundante de las viñas, los cautivos vuelven a casa, se reedifican las ciudades... Dios siempre deja un resquicio a la esperanza. Siempre nos permite el camino de retorno, como al hijo pródigo. Así había sucedido después del crimen de Caín o del castigo del diluvio o de la esclavitud de Egipto. Así sucederá después del destierro de Babilonia. Dios tiene corazón de padre. Él mismo curará las heridas y reconstruirá las ciudades en ruinas.


P. Juan R. Celeiro 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Buscar este blog