martes, 19 de julio de 2016

Lectura de la profecía de Miqueas 7, 14-15.18-20



¡Señor, apacienta con tu cayado a tu pueblo,
al rebaño de tu herencia,
al que vive solitario en un bosque,
en medio de un vergel!
¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad,
como en los tiempos antiguos!
Como en los días en que salías de Egipto,
muéstranos tus maravillas.

¿Qué dios es como Tú, que perdonas la falta
y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia?
Él no mantiene su ira para siempre,
porque ama la fidelidad.
Él volverá a compadecerse de nosotros
y pisoteará nuestras faltas.

Tú arrojarás en lo más profundo del mar
todos nuestros pecados.
Manifestarás tu lealtad a Jacob
y tu fidelidad a Abraham,
como lo juraste a nuestros padres
desde los tiempos remotos.

Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos



Mezcla de afirmaciones proféticas y de súplica ante Dios, ensalzando su misericordia. La confianza del profeta se basa en que Dios seguirá siendo fiel a las promesas que había hecho, ya desde Abrahán, y que pastoreará al pueblo de su heredad.
Pero, sobre todo, se basa en que Dios seguirá haciendo lo que sabe hacer mejor: perdonar. Es un retrato entrañable: «¿qué dios es como tú, que perdonas la falta?... arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados». La última palabra de la historia no es nuestro pecado, sino, como nos dice Miqueas, el amor perdonador de Dios.



P. Juan R. Celeiro


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