domingo, 31 de julio de 2016

Lectura del libro del Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23


 

¡Vanidad, pura vanidad!, dice el sabio Cohélet.
¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!
Porque un hombre que ha trabajado
con sabiduría, con ciencia y eficacia,
tiene que dejar su parte
a otro que no hizo ningún esfuerzo.
También esto es vanidad y una grave desgracia.
¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo
y todo lo que busca afanosamente bajo el sol?
Porque todos sus días son penosos,
y su ocupación, un sufrimiento;
ni siquiera de noche descansa su corazón.
También esto es vanidad.
Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

 El sabio del AT aparece bastante pesimista: "vanidad, pura vanidad". Nos enseña un sano escepticismo ante lo humano. La riqueza no nos lo da todo en la vida, ni es lo principal: la muerte lo relativiza todo. Es sabio reconocer los límites de lo humano y ver las cosas en el justo valor que tienen, transitorio y relativo. Incluso el trabajo, que parece un valor muy honrado, puede llegar a exagerarse y a hacernos perder la armonía y la paz. Tanto afán y tanta angustia no puede llevarnos a nada sólido. Hay contenida en esta lectura una sabiduría de vida extraordinariamente útil y oportuna. Cabe preguntarnos entonces ¿hay en nuestras vidas algo de pura vanidad?


P. Juan R. Celeiro

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