sábado, 27 de agosto de 2016

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 26-31



Hermanos:
Tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles.
Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios.
Por Él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: "El que se gloría, que se gloríe en el Señor".

Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

 Aquí Jeremías no sufre por su pueblo: atraviesa una crisis personal, una agitación muy profunda, que hace tambalear su fe y su fidelidad vocacional. Tantos pleitos y persecuciones, tantas burlas y maldiciones hacia su persona, y tener que anunciar tantas desgracias a su pueblo -él, que es una persona pacifica, mucho más inclinada a la dulzura que a la violencia-, le han ido llenando de dudas y hasta de amargura. Ha «devorado» la palabra que Dios le dirigía, ha adoptado un estilo de vida exigente y ha anunciado con valentía ante el pueblo lo que Dios ponía en sus labios. Pero todo, en medio de la soledad y la incomprensión. Jeremías llega a dudar de Dios. Pero Dios no está lejos. Le dirige su palabra, una vez más y le anima a seguir. Página estremecedora, para Jeremías y tal vez para nosotros, en algún momento de nuestra vida.


P- Juan R- Celeiro

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Buscar este blog