jueves, 4 de agosto de 2016

Lectura del libro de Jeremías 31, 31-34




Llegarán los días -oráculo del Señor- en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque Yo era su dueño -oráculo del Señor-.
Ésta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días -oráculo del Señor-: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; Yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo.
Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: «Conozcan al Señor». Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande -oráculo del Señor-. Porque Yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.

Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

 En el AT nunca se había dicho que fuera a haber otra Alianza distinta de la del Sinaí, tantas veces rota por el pueblo, pero mantenida siempre en pie por la fidelidad de Dios. Ahora, el profeta, como fruto de una maduración espiritual de su fe, anuncia, de parte de Dios, que a esa primera Alianza le va a seguir otra, definitiva, mucho más profunda y personal. Si de la primera se pudo decir que había constituido un fracaso por parte del pueblo, Dios no ceja en su empeño y anuncia otra mejor, una Alianza de fe, de conocimiento de Dios, de perdón y reconciliación. Se trata de la interiorización de la Alianza. Los cristianos estamos convencidos de que esa Nueva Alianza, que ha llevado a plenitud la del pueblo de Israel, se ha cumplido en Cristo Jesús.


P. Juan R. Celeiro

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