domingo, 7 de agosto de 2016

Lectura del libro de la Sabiduría 18, 5-9


 

Como los egipcios habían resuelto hacer perecer
      a los hijos pequeños de los santos
-y de los niños expuestos al peligro, uno solo se salvó-
para castigarlos, Tú les arrebataste un gran número de sus hijos
y los hiciste perecer a todos juntos en las aguas impetuosas.
Aquella noche fue dada a conocer de antemano
      a nuestros padres,
para que, sabiendo con seguridad
      en qué juramentos habían creído,
se sintieran reconfortados.
Tu pueblo esperaba, a la vez,
la salvación de los justos y la perdición de sus enemigos;
porque con el castigo que infligiste a nuestros adversarios,
Tú nos cubriste de gloria, llamándonos a ti.
Por eso, los santos hijos de los justos
ofrecieron sacrificios en secreto,
y establecieron de común acuerdo esta ley divina:
que los santos compartirían igualmente
los mismos bienes y los mismos peligros;
y ya entonces entonaron los cantos de los Padres.
Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

 El primer modelo de personas vigilantes que nos presentan las lecturas es el de los judíos en la cena pascual. En la noche de su salida de Egipto comieron de pie, ceñido el cinturón, preparados para emprender la marcha, convencidos de que Dios iba a actuar a favor de ellos, liberándoles de la esclavitud. Además de confiar en Dios, decidieron mantenerse fieles a la solidaridad entre ellos: "establecieron esta ley divina: que los santos cimpartirian igualmente los mismos bienes y los mismos peligros". Buenas condiciones para ponerse en camino: confianza en Dios y solidaridad mutua.


P. Juan R. Celeiro
 

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