jueves, 1 de septiembre de 2016

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 3, 18-23




Hermanos:
¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: "Él sorprende a los sabios en su propia astucia", y además: "El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos".
En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.

Palabra de Dios. 


El Padre Dios es el origen de todo y de todos. Nuestra confianza no está puesta en manos de los hombres, aún cuando sean considerados los más sabios conforme a los criterios de este mundo. Por eso nosotros no anunciamos cosas terrenas, sino a Cristo Jesús, que el Padre Dios nos entregó no sólo como Salvador nuestro, sino también como Aquel que nos hace conocer a Dios y el amor que, como Padre nuestro, nos tiene. Así, perteneciendo a Cristo, unidos a Él mediante una Alianza nueva y eterna, junto con Él pertenecemos a Dios Padre, no como simples criaturas suyas, mucho menos como extraños que lo invocan, sino como hijos en el Hijo. Por eso aprendamos a vivir totalmente comprometidos como de hijos de Dios. Unidos a Él demos testimonio de Él en el mundo no sólo como fruto de nuestras investigaciones y estudios eruditos conforme a la ciencia de este mundo, sino conforme a la experiencia que tengamos del amor salvador de Dios, viendo así nuestros estudios sólo como auxiliares y no como fuente de salvación, la cual sólo procede de Dios de un modo gratuito hacia nosotros.

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