sábado, 10 de septiembre de 2016

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 10, 14-22




Queridos míos, eviten la idolatría. Les hablo como a gente sensata; juzguen ustedes mismos lo que voy a decirles. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan.
Pensemos en Israel según la carne: aquéllos que comen las víctimas, ¿no están acaso en comunión con el altar?
¿Quiero decir con esto que la carne sacrificada a los ídolos tiene algún valor, o que el ídolo es algo? No, afirmo sencillamente que los paganos ofrecen sus sacrificios a los demonios y no a Dios. Ahora bien, yo no quiero que ustedes entren en comunión con los demonios. Ustedes no pueden beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; tampoco pueden sentarse a la mesa del Señor y a la mesa de los demonios. ¿O es que queremos provocar los celos del Señor? ¿Pretendemos ser más fuertes que Él?

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 Pablo, gracias a esa consulta que le hicieron sobre los "idolotitos", nos dice qué es para él la Eucaristía. Es, unión con Cristo, con su Cuerpo y su Sangre. Por tanto, no podemos buscar otros dioses con los que entrar en comunión, cayendo en la idolatría como cayeron los israelitas en el desierto. Y es también unión con los demás hermanos de la comunidad. Precisamente porque comemos del mismo Pan, que es Cristo, vamos siendo un solo cuerpo. Esto nos compromete. Comulgar con Cristo significa evitar toda clase de idolatría, adorando a los dioses falsos que nos ofrece en abundancia nuestro mundo, valores humanos en los que sentimos la tentación de poner nuestra confianza y a los que dedicamos nuestro culto. Sería faltar al primer mandamiento y, según Pablo, es incompatible con nuestra fe y nuestra comunión con Cristo. La vida debe ser coherente con la Eucaristía. Sin encender una vela a Dios y otra al diablo. A la vez, nos debe hacer crecer en fraternidad. Ya que comemos del mismo Pan, y escuchamos la misma Palabra salvadora de Dios, debemos vivir unidos, creciendo en unidad fraterna a la vez que en fe y amor a Cristo Jesús. Sin buscar otras comunidades peregrinas con las que convivir o celebrar.


P. Juan R. Celeiro

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