domingo, 11 de septiembre de 2016

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 1, 12-17


Querido hijo:
Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llamándome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia. Y sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, junto con la fe y el amor de Cristo Jesús.
Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en Él para alcanzar la Vida eterna.
¡Al Rey eterno y universal, al Dios incorruptible, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos! Amén.
Palabra de Dios. 


Como le dice san Pablo, en su carta a Timoteo, Dios envió a su hijo al mundo para salvarlo. Fiémonos también nosotros de Cristo, acojámonos a su amor y a su misericordia, porque sabemos que el corazón de Cristo, como el corazón de su Padre, Dios, es un corazón misericordioso y lleno de amor. Y con amor y por amor intercedamos también hoy nosotros por todos los pecadores, por el pecado del mundo.

 
Gabriel González del Estal
 

 

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