miércoles, 7 de septiembre de 2016

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 7, 25-31




Hermanos:
Acerca de la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor. Pero hago una advertencia, como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza. Considero que, por las dificultades del tiempo presente, lo mejor para el hombre es quedarse como está. ¿Estás unido a una mujer? No te separes de ella. ¿No tienes mujer? No la busques. Si te casas, no pecas. Y si una joven se casa, tampoco peca. Pero los que lo hagan, sufrirán tribulaciones en su carne que yo quisiera evitarles.
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 Se ve que los Corintios le habían hecho unas consultas a Pablo, que va respondiendo en su Carta. Hoy trata de la tensión que había entre las diversas concepciones de la vida sexual y en concreto del matrimonio. Probablemente las posturas iban de extremo a extremo: desde los que abogaban por una libertad total, siguiendo las costumbres paganas, hasta los que despreciaban la vida sexual y el matrimonio y predicaban la abstención total. En los versículos que aquí leemos, Pablo dice con mucho cuidado su opinión. Los tres estados son buenos: el de los solteros, el de los casados y el de los viudos. Aunque él crea que el celibato por el Reino -a ejemplo de Jesús y del suyo propio- sea lo mejor. Pero eso no es imposición del Señor, sino opción de Pablo. Lo que prefiere hacer es "relativizar" el tema y pedir a todos que, cada uno en su estado, se dedique a hacer el bien, a trabajar por el Reino, sobre todo teniendo en cuenta como era la opinión de la época- que era inminente la vuelta del Señor.


P. Juan R. Celeiro

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