domingo, 18 de septiembre de 2016

Lectura de la profecía de Amós 8, 4-7


Escuchen esto, ustedes, los que pisotean al indigente
para hacer desaparecer a los pobres del país.
Ustedes dicen: «¿Cuándo pasará el novilunio
para que podamos vender el grano,
y el sábado, para dar salida al trigo?
Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio,
falsearemos las balanzas para defraudar;
compraremos a los débiles con dinero
y al indigente por un par de sandalias,
y venderemos hasta los desechos del trigo».
El Señor lo ha jurado por el orgullo de Jacob:
Jamás olvidaré ninguna de sus acciones.
Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

 Amos era un campesino, cultivador de higos en el pueblo de Técoa, cerca de Belén, a quien Dios llamó a que hablara en su nombre en el reino del Norte, en Samaría, en el siglo VIII antes de Cristo. Como otros profetas del AT, tuvo que levantar valientemente su voz denunciando abusos contra los derechos humanos en la sociedad de su tiempo. Aunque no siempre el dinero es injusto, hay que reconocer que es peligroso, y que es muy actual lo que denuncia Amos: el dinero nos puede hacer crueles, opresores, tramposos, con las mismas trampas que se repiten en el comercio de hoy, abusando de los precios y falseando las medidas. Amos afirma que Dios toma postura por los indefensos y pobres, y tendrá en cuenta estas injusticias. A los "aprovechados" de entonces y a los de ahora les gustaría más que Dios no se metiese en estas cosas, y que tampoco tocasen este terreno las enseñanzas de los Papas y Episcopados o las homilías de la misa. Pero la Palabra de Dios viene como viene, y la justicia social es uno de los filones más fuertes a lo largo de toda la Biblia.


P. Juan R. Celeiro

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