martes, 20 de septiembre de 2016

Lectura del libro de los Proverbios 21, 1-6. 10-13





El corazón del rey es una corriente de agua en manos del Señor:
Él lo dirige hacia donde quiere.

Al hombre le parece que todo su camino es recto,
pero el Señor pesa los corazones.

Practicar la justicia y el derecho
agrada al Señor más que los sacrificios.

Los ojos altaneros, el corazón arrogante,
la luz de los malvados: todo es pecado.

Los proyectos del hombre laborioso son pura ganancia,
el que se precipita acaba en la indigencia.

Tesoros adquiridos con engaños
son ilusión fugaz de los que buscan la muerte.

El alma del malvado desea el mal,
él no se apiada de su prójimo.

El simple se hace sabio cuando se castiga al insolente,
y asimila la ciencia cuando se instruye al sabio.

El justo observa la casa del malvado
y precipita en la desgracia a los malos.

El que cierra los oídos al clamor del débil
llamará y no se le responderá.

Palabra de Dios. 



Reflexionamos juntos

 Siguen las reflexiones del sabio, llenas de sentido común y de sensibilidad religiosa. Son ideas dispersas, sin relación aparente entre ellas, excepto que son criterios de sabiduría para la vida. Son páginas para leer sin prisas, proyectando sus gotas de sabiduría sobre nuestra conducta, a modo de examen de conciencia. Caemos con frecuencia en la tentación de las apariencias, pero es Dios quien conoce el corazón humano y sabe si es sólido o no. Ya deberíamos tener la experiencia de que "tesoros adquiridos con engaños son ilusión fugaz". Una vez más aparece la afirmación, tantas veces oída en labios de los profetas y del mismo Jesús, de que "practicar la justicia y el derecho, agrada al Señor mas que los sacrificios". También se nos recuerda que un día nos puede pasar lo que vemos que les pasa a otros y no les ayudamos: "quien cierra los oídos al clamor del debil, llamara y no se le responderá".


P. Juan R. Celeiro

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