jueves, 1 de septiembre de 2016

Santo: Gil o Egidio

Gil nació en Atenas en el seno de una noble familia. Desde niño era erudito en Sagradas Escrituras. A la muerte de sus padres distribuyó sus propiedades entre los pobres y emigró a Arles, Francia, porque no le atraía nada de las cosas e intereses del mundo, y además le atrajo la fama de santidad de san Cesareo de Arles, después de una peregrinación a Roma. En la desembocadura del Ródano levantó una choza y, durante un tiempo, vivió como ermitaño (hay una leyenda que dice que vivió en Nuria, Cataluña y que talló la imagen de la virgen de Montserrat). Más tarde, buscando mayor soledad se retiró a un bosque cerca de Nimes. Construyó una nueva choza, pero el primer invierno hizo un frío tran intenso y pasó tanta hambre, que estaba dispuesto a desistir. Entonces su soledad sólo se vio interrumpida por la presencia de una cierva que de sus ubres lo alimentó y le dio calor; por eso la quiso tanto que fue capaz de arriesgar su vida para protegerla del acoso de unos malhechores. Parece que rey visigodo Wamba (otras leyendas hablan del rey franco Childeberto) persiguió a la cierva pero la flecha hirió al ermitaño, entonces, el rey, arrepentido, hizo construir para él un monasterio benedictino. Su presencia no podía pasar desapercibida y se le unieron muchos discípulos animados por su vida de intensa oración.
Fundó para ellos el monasterio de Saint-Gilles-du-Gard, (famosa etapa en los caminos de Santiago y de Roma), del que fue su abad, pero esta historia, según los bolandistas pertenece a otro san Gil del siglo VI.
Pero lo auténticamente importante de este santo, cuyas noticias pertenecen a la leyenda, es que durante muchos años se creía que invocándole, los pecados se perdonaban, de manera que es el abogado de los pecadores y de las personas que tienen miedo. Esta tiene relación con la “Misa de san Gil”; según la cual Carlos Martel, o Carlomagno, le dijo al abad que tenía un pecado inconfesable y le pidió su intercesión para que se le perdonase. Durante la misa, a san Gil un ángel le depositó un pergamino con el pecado en cuestión, y decidió que el pecador debía arrepentirse.
Se le nombra entre los «Catorce Santos Auxiliadores» (el único entre ellos que no fue mártir) y su tumba, en el monasterio, fue centro de peregrinaciones de primerísima importancia que contribuyó a la prosperidad de la ciudad de Saint Gilles durante la Edad Media, hasta el siglo XIII, cuando quedó convertida en ruinas, durante la cruzada contra los albigenses. Otros cruzados bautizaron con el nombre de Saint Gilles a una ciudad (la actual Sinjil) que fundaron en los límites de las regiones de Benjamín y Efraín, de manera que su culto se extendió por todo el oriente de Europa. En Inglaterra había 160 parroquias dedicadas a él.


Se le invoca como protector de los tullidos, mendigos y herreros. Los abundantes peregrinos de Santiago le piden ayuda contra el miedo y las madres recurren a él cuando sus hijos eran presa de terrores nocturnos o sufrían pesadillas.

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